JUAN CARLOS MARTÍNEZ
25 mar 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Cuando aquí aún cavábamos zanjas con cuerno de bisonte y las dejábamos sin plantar porque no se había inventado la patata, ya Hesíodo, rival de Homero, constataba desde la soleada Grecia que «escasa es la preocupación por disputas y deliberaciones en la asamblea para quien aún no ha recogido el anual fruto maduro que produce la tierra». Algo de eso queda en el subconsciente colectivo de este pueblo de pasado labrego. Los conselleiros y muchos diputados parecen más preocupados por el fruto anual que por debates y deliberaciones en la asamblea. Lo cual no quiere decir que sean fugitivos del arado -porque el fruto maduro de la presencia electoral se recoge en almuerzos, inauguraciones y visitas guiadas-, sino que adoptan ese estilo nuevo de la política que supone la condena de la oratoria, el fin del fino parlamentarismo y el triunfo de la gestión. Aunque ésta, a veces, se les dé por supuesta. Porque todos sabemos que en el despacho se hace gestión, pero, sobre todo, lo que se hace en el despacho es leer el periódico (que, por otra parte, también es lo que más se hace en el escaño del Parlamento). Y como los periódicos salen llenos de ideas y de propuestas, a veces los que hacen gestión son el periodista y el editor. Acuérdense, si no lo creen, de aquel mapa histórico de cómo llegó el tren a Galicia que exhibieron en el Parlamento conselleiros y opositores para sustentar sus ideas sobre la modernización del tren. Era un mapa publicado diez días antes en el periódico y sacado del libro, ya apolillado, que había estudiado en bachillerato el periodista de turno. Así se hace política. Y gestión. Y como los periodistas y los editores no pueden hablar en el Parlamento, deben hacerlo los parlamentarios. En estos tiempos, en que el lamentable terrorismo hace a muchos identificarse como los demócratas, frente a los violentos, no estaría mal que los primeros hicieran a toda hora gala de esa condición y dejaran de rehuir el instrumento primero de la democracia, que es la confrontación de ideas mediante el intercambio de palabras.