¡BAILAD, MALDITOS!

La Voz

OPINIÓN

MALES MODERNOS CARLOS GARCÍA BAYÓN, escritor

01 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Los enemigos del hombre, según el Catecismo del Padre Astete, eran el demonio, el mundo y la carne. Pero según las últimas estadísticas y estimaciones también lo son el amor, la fabada y el chuletón. Hoy todo es dudoso, sospechoso. Conviene abrir el canal a vivos y muertos. La Universidad de Padua, en sus días aurorales, recibía los cadáveres de las pestes y los cacheaba, no fueran a llevar goma dos. Los médicos que iban por libre asaltaban en la noche los cementerios y en sacos huían con los muertos más tiernos a ver qué cocían en las vísceras. Hoy cada esquina va a convertirse en un centro de investigación de los fraudes que nos anegan. No es la duda metódica, ni virtual, es la real, la mierda convertida en lenguas de canario o en música de Mozart. La muerte ya no está solamente en los aconteceres tradicionales, sino en el solomillo, en el beso, en las estadísticas, en la política, en la ecología, en el pacifismo, en la química. La química se dispone para lo que soliciten los prestidigitadores, para adelgazar o engordar, para poner a punto la virilidad, para evitar la procreación, para ser primero en los 100 metros lisos, para dar color a lo incoloro, gusto a lo insípido, aroma a lo inerte, verdad a lo falso y transformar a Ramón en Manolita. ¿A dónde se va la Sybaris que logramos, la vaca marela, la civitas Dei, la sociedad del bienestar? En el 510 Crotona atacó a Sybaris, ciudad enemiga. En Sybaris la vida era un regalo, ataban los canes con longanizas y enseñaban danza a sus caballos. Cuando los sibaritas se vieron atacados saltaron sobre sus equinos y se lanzaron al combate. En el vértice de la lucha los de Crotona comenzaron a sonar sus flautas y los caballos de Sybaris en vez de combatir se pusieron a bailar el tango. Llegaron los enemigos y los pasaron a cuchillo. ¡Bailad, bailad malditos! La historia, según Marx, se repite fatalmente. Estamos en el primer capítulo. A Milton se le ocurrió decir, poseído de soberbia, que cuando Dios tiene alguna tarea difícil para realizar en el mundo, dispone que la ejecuten los ingleses. Parece que ahora les encargó llenarnos los sesos de vacas locas, piensos putrefactos cargados de megatones. Y nos hemos puesto a bailar.