FEDERICO ABASCAL
27 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.La suave dureza de Mariano Rajoy es ya una actitud disciplinaria. Difícilmente se desobederá en el departamento de Interior una orden susurrada por el nuevo ministro, cuyo aspecto adopta a veces la serenidad imperturbable de la esfinge. Y si su antecesor, Mayor Oreja, es un político químicamente puro, Rajoy sería un hombre dedicado racionalmente a la política. Goza de la confianza de Aznar, tal vez en menor medida que su sustituto en la cartera de Presidencia, Juan José Lucas, quien es más un muchachito de Valladolid, por su fidelidad, su experiencia y la sumisa espera a un cargo en La Moncloa. Aznar ha hecho una remodelación y no la crisis que se le pedía sin la menor esperanza desde la oposición, por el debilitamiento político de Villalobos y Arias Cañete. Sigue siendo Rajoy vicepresidente primero, el número dos del Gabinete, lo que unido al Ministerio de Interior le convierte en el hombre más fuerte, tras Aznar, del momento político. Y eso ha inspirado a algunos, a Felipe Alcaraz, de IU, entre ellos, la idea de que se estaría perfilando nítidamente un delfín, el sucesor in pectore del presidente. Pero tal vez se trate de un error, disculpable, por el desequilibrio entre el peso político de Rajoy, en aumento, y el de Juan José Lucas, aún por medir. Tiene Lucas, sin embargo, el mérito inolvidable de haber argumentado con Fraga a favor de la designación de Aznar en 1989 como candidato por el PP a las elecciones generales de aquel año. La proximidad a Aznar es ya, para Lucas, una recompensa mayor a su acreditada fidelidad. Al haber recibido desde Valladolid la llamada de Aznar, Lucas podría configurarse como un delfín más idóneo, para las aún misteriosas imprevisiones sucesorias del presidente del Gobierno, que el mismo Rajoy. La sombra de Lucas, por alargada que resulte, nunca oscurecería la imagen de Aznar, a quien nadie le podría exigir que nombrase heredero a un hombre de mayor solemnidad que la de él. Y Rajoy es solemne, más allá incluso de su propia efigie, y disciplinario como nadie, pues si por un lado su presencia decora un cónclave político, por otro ha demostrado gran habilidad para orquestar una campaña electoral, la de la mayoría absoluta del PP.