EL CÍRCULO CUADRADO

La Voz

OPINIÓN

XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS

20 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Cualquiera que sea su nivel de vida, estoy seguro de que conoce a alguien que gana menos que usted, que tiene más hijos y heredó menos, y que consiguió levantar, honradamente, una vida más próspera que la suya. Una bendita mezcla de artesano, campesino y emigrante que educó a sus hijos, les dio una ayudita para el piso, les hizo una boda digna, arregló con gusto exquisito la casa familiar, y, cuando llegaron las bodas de oro, se fue con su mujer a un hotelito de Verín, a tomar las aguas y a cenar de restaurante durante tres días. ¿El secreto? Muy simple y por todos conocido: austeridad, ahorro, constancia, priorización del gasto y una idea muy clara del origen y el destino de cada uno. Y por eso se trata de una fórmula muy útil para explicar dos lecciones políticas de enorme envergadura: que el desarrollo no se alcanza en el aire, haciendo círculos cuadrados; y que nadie tiene los destinos predeterminados por el punto de partida. Así pues, aplicando la lección, haríamos muy bien si, en vez de ensayar tantas fórmulas y combinaciones para determinar un modelo de financiación autonómica que permita que todos reciban más, pagando los mismos impuestos y sin que el Estado gaste menos, nos dedicasemos a aplicar a las instituciones la genial y sencilla forma que tan buenos resultados dio a las economías familiares: ser conscientes del punto de partida, definir con realismo los objetivos, priorizar los gastos y ser ahorradores, sin aspirar a más premio que unos días de asueto en Verín. Porque sólo así romperemos el determinismo que afecta a las economías menos favorecidas, y sólo así conseguiremos que se despierte la solidaridad de los que, estando dispuestos a compartir objetivos, no toleran que los pobres derrochen más que los ricos. Estos días, más que discutir la financiación autonómica, se busca la piedra filosofal que convierta el plomo en oro, sin parar mientes en estas tres cosas sencillas que podrían ayudarnos a resolver el problema: que no hay más cera que la que arde, que la solidaridad no es una relación entre iguales y que no hay más progreso que el que se deriva de la responsabilidad del ingreso y la priorización del gasto, de la explotación de las ventajas comparativas y de la perseverancia en las políticas básicas. Por eso conviene cambiar el paso. Porque una perspectiva adecuada del problema nos presenta una realidad abordable, sin que nadie pierda su tiempo en hacer círculos cuadrados.