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La Voz

OPINIÓN

LA CARRERA HACIA LAS URNAS SERAFÍN LORENZO

04 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

La aclamación, el pasado sábado, de Fraga como candidato a la presidencia de la Xunta fue una prueba más de la identificación con la persona por encima de la ideología. Se hizo patente, otra vez, que la presencia del PP entre el electorado gallego es hegemónica en la medida en que es el patrón quien pilota la nave. Es lo que quiso decir Rajoy en su reflexión sobre el nacionalismo de Fraga. Simplemente, una imagen del de Vilalba tiene más calado popular que cualquier sesudo programa. En Génova lo saben, y no prescindirán de ese capital. Por eso Aznar empleó la sorna al preguntarse a quién pondría de candidato en Galicia. La única respuesta posible a esa duda retórica está impuesta en el PP casi por imperativo legal. Fraga, en fin, no precisa promoción. Si acaso, ánimos. El acto de proclamación fue generoso con esa indicación terapéutica y abundaron las connotaciones propias de una gran fiesta de cumpleaños. El afecto por el homenajeado rayó el paroxismo. Pero Aznar ya previno contra los triunfalismos al proclamar que la política es un reto constante, y más desde la poltrona. La última cita municipal con las urnas supuso un serio aviso de algunas vías de agua en la nao conservadora. Escapes que llevaron a la cúpula del partido a imponer ajustes en la sala de máquinas del PPdeG para garantizar el rumbo triunfal ante la amenaza del avance nacionalista y de un todavía virtual efecto Zapatero. Nadie teme que se escape la victoria, pero tal vez sí la mayoría absoluta. Y el PP ha optado por la estrategia más sencilla, la de tratar de explotar las relaciones del BNG con el demonizado nacionalismo vasco. Si alternan con ellos, son como ellos. Un mensaje por asociación que, si bien supone un menoscabo evidente de la madurez del electorado gallego -¿se atreverían con CiU?-, vuelve a colocar a la coalición de Beiras en la tesitura de depurar al máximo algunos planteamientos. De momento, y pese a los esfuerzos de reivindicación del nacionalismo gallego democrático, parece que Arzalluz será, muy a su pesar, quien alimente la gaviota.