JOSÉ VÁZQUEZ
26 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Desde hace algún tiempo parece que nuestros jueces intentan, con sus decisiones, recordar aquel tiempo pretérito del Antiguo Testamento y dejar constancia, como en el Libro de los Jueces, de sus proezas. Revestidos de un poder omnímodo, algunos miembros del poder judicial, no están tranquilos sino provocan conflictos con los otros dos poderes del Estado. Pero todavía parece más paradójico la excusa que permanentemente emplean para justificar algunas de sus polémicas sentencias, cuando éstas chocan con el sentir general de la sociedad. «Nosotros -afirman- nos limitamos a aplicar la ley y ésta es responsabilidad del legislador». Sin embargo, su incoherencia queda patente cuando de repente un órgano jurisdiccional decide no sólo interpretar aquellas leyes, aprobadas en las Cortes Generales por los auténticos y únicos representantes de los ciudadanos, sino que llegan a anular la propia ley. Los jueces de la Audiencia Nacional deben y están obligados a controlar, como cualquier órgano jurisdiccional, los actos y abusos del poder ejecutivo, pero no enmendar la plana al poder legislativo. Si dos millones de funcionarios piensan que el Gobierno no ha cumplido con lo pactado, que no lo vuelvan a votar o que insten el cambio de la ley presupuestaria, de igual forma que el resto de trabajadores españoles han tenido que transigir, hace ya años, con la reforma de las pensiones o con la caótica contratación laboral que padecen, por no recordar aquella otra ley del Gobierno socialista que rebajó la edad de jubilación de los propios funcionarios, ampliamente constestada porque recortaba sus expectativas de trabajo. En aquel caso, los jueces se limitaron a rechazar los recursos, porque «la ley es la ley». Tomar medidas de aquella naturaleza es el riesgo de cualquier gobernante, pero es un riesgo político, no una ilegalidad, y además sus decisiones son examinadas, por lo menos, cada cuatro años. Por eso no estaría de más recordar a los jueces que se dediquen a juzgar, pero que no gobiernen ni legislen, porque no es su misión.