¿TENDRÁN RAZÓN LOS TRAFICANTES?

La Voz

OPINIÓN

DAVID RODRÍGUEZ

23 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Es discutible hasta qué punto a los inmigrantes les va a preocupar el recorte de ciertos derechos sociales, tales como libertad de asociación, sindicación o huelga, traídos de la mano de la reforma de la Ley de Extranjería. No lo es el hecho de que aquéllos denominados eufemísticamente en situación irregular ahora puedan ser arrestados, internados y deportados a sus países de origen. Por desgracia estaba visto que a ningún país de la UE le está permitido convertirse en paraíso de la inmigración llamada ilegal. El texto original no era más que una utopía. Expulsiones aparte, el texto actual no soluciona ninguno de los problemas existentes. Visados y trabajo son los pilares de la inmigración. Los primeros están en manos de embajadas que pueden denegar las solicitudes sin necesidad de explicaciones. En cuanto al trabajo, razón por la que el inmigrante viene a nuestro país, la práctica demuestra que son pocas las empresas que pueden permitirse realizar una oferta de empleo y esperar un año a que le autoricen la entrada del trabajador extranjero, amén de la montaña de papeleo. Tampoco la nueva ley va a solucionar el problema del Estrecho. Se han gastado un par de miles de millones en una valla que rodea Ceuta y sólo se obtuvieron más pateras y ahogados. Ahora hay que gastar otros miles de millones en rádares. ¿Es posible la inmigración legal y ordenada? Ciertas medidas adicionales, como amenazas a los transportistas y una tímida potenciación en la lucha contra las organizaciones que trafican con seres humanos completan el texto legal. Está por ver si son suficientes y, sobre todo, adecuadas. Hasta ahora, a pesar de haber aumentado las operaciones policiales, los entramados de los traficantes que extorsionan a los inmigrantes han crecido exponencialmente. Parece que los grandes capos permanecen fuera del alcance de la Justicia. En definitiva, la burocracia se conjura para que la única salida para el inmigrante decidido sea entrar en el país por cualquier medio y esperar hasta regularizar su situación. ¿Tendrán razón los traficantes?