PEDRO ALTARES
20 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.El Partido Popular sigue sin dar muestras de que en democracia la oposición forme parte del sistema. De hecho, sigue sin asimilarlo. Después de una larga etapa prácticamente sin ella, primero por la crisis de liderazgo del PSOE y después por la toma de tierra de Rodríguez Zapatero, el Gobierno y su partido siguen empeñados por un lado en el «y tú más», o sea en la oposición a la oposición, y por otro en ridiculizarla. Sacar, por ejemplo, a estas alturas, informes de Greenpeace -tan frecuentemente denostada por fuentes oficiales- para decir que antes de la llegada de los populares al poder también hubo en Gibraltar submarinos nucleares con averías, cae en el esperpento. Entre otras cosas, porque si eso es así, la obligación del PP, por entonces en la oposición, hubiera sido denunciarlo ante la opinión pública. Si se criticó, con razón, a Felipe González por, según una famosa frase, «enterarse por los periódicos», ¿qué se puede decir ahora de quienes esperan años para sacar a relucir supuestos informes comprometedores?. Reiterativa es la obsesión que parece tener el vicepresidente Rajoy con las fotos que se hace o se deja de hacer Rodríguez Zapatero en uso de su derecho de conectar con personas y realidades del turbulento panorama político de estos días. No es precisamente el Gobierno quién más puede acusar a nadie de chupar cámara. Pero, en cualquier caso, el Gobierno hace lo que cree conveniente y la oposición también. Una cosa es la política de Estado, que abarca muy pocos temas -el más notorio es todo lo que se relaciona con el terrorismo-, y otra muy distinta el Plan Hidrológico, la reparación del Tireless, el trato a los inmigrantes y un sin fin de problemas. De modo que, así las cosas, la oposición intenta, además de ejercer su obligación de crítica y de control al Ejecutivo, aprovechar los amplios resquicios que le ofrece esa política. ¿Se ha olvidado el PP de su etapa de oposición?. Después de cerca de cinco años, hay cosas que ya no se pueden decir. Es hora de que el PP pase página y conceda, como mínimo, a la oposición su derecho a disentir.