X. ÁLVAREZ CORBACHO
14 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.El alumbramiento del año 2000 se festejó con alegría, ilusión, regocijo y expectativas diversas. Su fin exige también balance y reflexión. Desde un prisma económico, la renta de los gallegos (VAB) creció el año pasado 200.000 millones de pesetas en términos reales, la inflación se aproximó al 4% y el paro es de 174.000 personas. Pero fuera de la economía son muchos los que respiran con dificultad. Probablemente falta oxígeno y alegría democrática. Lo acusan hasta nuestros equipos de fútbol más emblemáticos con sus achaques y agonías recientes. La renta creció, ¿pero a quién benefició? Desde luego no a los pensionistas, a las clases pasivas, a los asalariados, a los funcionarios, a los parados y a otros colectivos diversos. Es decir, a un conjunto que supera el millón y medio de personas. Pensionistas y una parte de los asalariados lograron mantener su poder adquisitivo. Funcionarios, parados, trabajadores en precario y otros son perdedores netos en una sociedad que puede organizarse mejor. Naturalmente, ganaron los que siempre ganan. Los ganadores perciben la inflación de modo singular y recomiendan el déficit cero, salarios reducidos, menores impuestos y un euro revalorizado. Dicen que así crecemos más y competimos mejor. Los perdedores ya sólo balbucean que les dejen vivir en paz. Pero el año 2000 arrojó sobre Galicia más desgracias y calamidades. La enfermedad de las vacas locas destroza un sector que nos prestigiaba. Los marineros que faenaban en Marruecos padecen depresiones profundas. El uranio empobrecido nos trae en vilo y la oferta televisiva vomita a Tamara y a Seisdedos. Dudo que podamos resistir tanto pese a ser un pueblo forjado históricamente en la adversidad. El año pasado la inflación creció en Francia el 1,6% y en Alemania el 1,9%. En España el 4%. Ambos países también sufrieron subidas de carburantes y vacas locas, pero lo arreglaron de modo diferente. La relación gasto público/PIB es en Francia el 52% y en Alemania el 46%. En la España que va bien y que paga menos impuestos, la cifra se reduce ya al 38%. Las consecuencias son evidentes: el gasto social/PIB es en Francia el 31% y en Alemania el 30%. España tiene el 21%. Los beneficiarios del crecimiento económico no solamente quieren bajar los salarios, sino que también se oponen a la redistribución.