BENIGNO PRADO INCORRECCIONES
28 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.La fuerza de la presión mediática es, dicen, casi omnipotente. El mundo se pasó todo 1999 discutiendo si el siglo que viene, el XXI, comenzaba a las 00.01 minutos de 2000 o 365 días después. Pese a las erudiciones matemáticas, la inmensa mayoría de la civilización, es decir, de la marea urbana, celebró a lo espectacular la salida y entrada. Apenas un mes más tarde los beatos del redondo milenarismo''2000 hicieron profesión de fe en el 2001. Desde luego los razonamientos en favor de éste como inicio del tercer milenio son incontestables. Basta el menos común de los sentidos, ya saben, para recordar que nadie nacido, por ejemplo, el 31 de diciembre de 1960 cumple 40 años hasta ese día de 2000 y no el 1 de enero de 2000. Luego el año 100 del siglo I se cumple el 31 de diciembre del año 100. Pero no se apresuren a concluir ustedes que la conversión de los poseídos de la Nochevieja de 1999 se debió a un ejercicio de raciocinio, sino a la muy previsible codicia de los nuevos adoradores del vellocino de oro. Dos fines de milenio en vez de uno, mejor que mejor en el mejor de los mundos posibles. El problema se abre a partir de ahora. Consumido, y consumidos, el 2001, ¿qué resta para el 2002? No hay Olimpíada, ni Eurocopa ni, pero sí, qué memoria, hay Mundial de la triple reconciliación Japón-Corea, las dos Coreas por fin. Sin embargo, dada el «merchandising» a plazo meteórico que caracteriza el horario del neo libre comercio, sugiero fechar las utopías de anticipación nunca antes de un siglo. O sea, a partir del 2101.