SEGÚN MERCADO

La Voz

OPINIÓN

MANUEL ALCÁNTARA

25 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

El consumo navideño está siendo más fuerte que nunca, sin duda por la gimnasia que ha hecho durante todo el año. Se conoce que la crisis de las vacas locas no es suficiente para hacernos olvidar que estamos en tiempos de vacas gordas. De aquí a Reyes habrá 22 millones de desplazamientos, según la previsión de Tráfico. Una huida colectiva en medio del temporal. El Ministerio de Fomento pide precaución a los conductores. Que no beban y que no corran. Aconseja también el uso de cadenas en muchas zonas, en vez de aconsejar el uso de cadenas en muchas casas, para atar a la gente y que no pueda salir. El año pasado, por estas cristianas fechas, perdieron la vida en accidentes de circulación 202 personas y hay gran interés estadístico por saber el balance de Tráfico de éste. Mientras, todos los que no están en los caminos están en las tiendas. Meterse en gastos es fácil a condición de disponer de algún dinero: lo difícil es salirse de ellos. Uno, que es todo lo contrario de un moralista y que está convencido de que es altamente preferible comer bien a comer mal, reprueba el derroche obligatorio que se produce durante estos días. Estoy muy mal dotado para la austeridad, como para tantas otras cosas, pero distingo a distancia la estupidez y la ostentación. Pagar una cazuelita de angulas pilpilsantes, a razón de 80.000 pesetas el kilo, es como para que se nos caiga el estómago de vergüenza. Aunque se pueda hacer, no debe hacerse. A poca sensibilidad social que se tenga, es inevitable recordar que la pensión media de un jubilado español es inferior al precio de cuatro kilos de percebes «según mercado». Loco mercado el de estos días, en parte también por culpa de las vacas locas. A las costosísimas digestiones se unen los buenos deseos de paz y felicidad. El cardenal de Madrid, Antonio María Rouco, pide una campaña de oración para acabar con ETA, pero quizá el ex-obispo Setién implore por su continuidad y las plegarias se contrarresten. Con esto de los rezos nunca se sabe. Alguien ha debido de pedir por la lluvia.