EL DÍA DE LA SUERTE JORGE CASANOVA, periodista
22 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.Veinte minutos aproximadamente. Eso es lo que suele durar la alegría de la lotería. Lo que se tarda en comprobar que no te ha tocado; que no hay una terminación buena y que, en el mejor de los casos, recuperas, digamos un 20% de lo que jugaste. Si te has pateado veinte mil pelas en lotería, te corresponden cuatro y sonríes: «sólo he perdido dieciséis». Luego echas mejor la cuenta. Porque no vas a ser tan cutre como para presentarte a cobrar el reintegro al equipo de fútbol del barrio o a reclamar el duro-por-peseta de la participación de la ONG local. Así que, con suerte, te devuelven el coste de uno o dos décimos y, no contento con el palo que te acaba de dar la Administración, los cambias por otros para el sorteo de El Niño donde, por supuestísimo, palmas definitivamente toda la pasta. Adiós, veinte billetes. Es la misma imagen del primo delante del trilero picando hasta que se queda limpio, sólo que amplificada a todo el país. ¿Por qué picamos cada año? Pues por los veinte minutos. Por el rato de incertidumbre mientras conservas ese porcentaje de posibilidades que empieza por cero coma cero y que, en un momento dado, te estimula la imaginación. Y te convierte en alguien codicioso, vengativo (al recrear los últimos minutos con tu jefe), perezoso (al calcular la posibilidad de no volver a pegar un sello), propenso a la gula y la lujuria y ciertamente envidioso cuando recuerdas que al final se te olvidó comprar la lotería del bar donde vas a echar la partida y ya te imaginas a toda la parroquia bañándose en champán y a tu pareja poniéndote verde por el olvido. Así que, bien mirada, la lotería es una fuente de pecados capitales en los que conviene no caer. Al menos en algunos. Afortunadamente, el sorteo del 22, tal y como lo conocemos, está condenado a muerte. El año que viene se venderá por Internet, el sorteo cederá a la presión televisiva y ya nada volverá a ser lo mismo. Y, además, ¿cómo harán los niños de San Ildefonso para adaptar su insustituible cantinela a la moneda única europea? Afortunadamente, hoy todo ha vuelto ya a la normalidad. Alejado del dinero, sigues siendo una buena persona con buenos pensamientos.