FRANCISCO TOMÁS-VALIENTE
14 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.Es muy triste y penoso no poder añadir nada a las condenas salvo la promesa de hacer todo lo posible, policial y políticamente, contra ETA. Más o menos así se expresaba Jordi Pujol ante el nuevo crimen cometido en Cataluña. Tan triste y penoso como señalaba el president de la Generalitat es no poder añadir nada a la solidaridad con la familia de la víctima y a la condena del crimen y desprecio hacia los criminales. Pero tan sinceras palabras de Pujol contrastan con las pronunciadas desde el pacto contra ETA firmado por PP y PSOE. Mientras el presidente, José María Aznar, se ponía la venda antes de la herida y recordaba qué es diálogo y qué es rendición, tanto José Luis Rodríguez Zapatero como Javier Arenas han lanzado mensajes directos: aquí está el referente, antes o después vendréis aquí, les han dicho a Izquierda Unida y a Convergencia i Unió. Y tal y como están las cosas, será difícil para las fuerzas políticas que no han firmado el acuerdo resistirse a su fuerza gravitatoria. Para el PNV la hora llegará al día siguiente de la convocatoria electoral. Por primera vez en la historia de la democracia los ciudadanos vascos van a votar con las cartas nacionalistas encima de la mesa. Quien ese día vote a Xabier Arzalluz sabrá que apuesta por la aventura soberanista, navegando, rumbo a lo desconocido (eso sí, fuera de España), mientras las pistolas de ETA apuntan al timonel. Ojalá sea cierto eso que algunos creen (o quieren creer) y haya mucho voto oculto, crítico con las últimas derivas del nacionalismo vasco, esperando el momento de emerger. De otro modo, este crudo invierno será más largo y más duro. Para todos.