BENIGNO PRADO INCORRECCIONES
13 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.Un corto salto en el tiempo: disolución de la Cámara Vasca y convocatoria de elecciones en Euskadi. Todo el mundo político está conforme, el Partido Popular, incluso exultante. El PSOE-PSE, y no al revés, se frota las manos. Según sus cálculos, el PNV ganará como siempre, pero volverá a necesitar a los «socialistas». Será entonces cuando se marquen las diferencias y Zapatero comenzará a levantar sus cándidos ojos azules, sin mirar tímidamente a José María Aznar. Como una premonición de la reconquista de la Moncloa. Firmes pasos hacia el futuro sin haber condenado las operaciones «secretas» de la «generación anterior». Todo, como puede verse, hábil, legal, leal. ¿No se desmontó el franquismo desde dentro, a caballo de Troya sin salir de la cuadra propia?. Sí, señores. Del cambio al cambio del cambio, y del cambio del cambio, al recambio. No seré yo quien reproche a los políticos hacer política, arte artero. Pero. Pero ¿y después? Imaginen, por qué no, que el PNV gana con holgura y decide plantear un referéndum sobre la autodeterminación, al margen de EH, como, por ejemplo, el partido nacionalista de Quebec en dos ocasiones, ambas muy cerca del éxito. ¿Se les opondrá la Constitución vigente o se buscará la fórmula para aceptar la consulta como cualquier democracia occidental? Hablo, claro está, de una legítima pretensión democrática, sujeta a la aceptación de los resultados en un sentido u otro. Podrían ir todavía más lejos, hasta postular la independencia de Euskadi, siempre mediante las urnas. ¿Se declararía el estado de excepción, se les echaría encima al ejército en nombre de la «indisolubilidad de la patria»?. España emergió de la dictadura hace un cuarto de siglo, bueno, hace casi veinte años. Los Pirineos ya no limitan con los Balcanes. Si llegase ese momento, que puede llegar, ¿qué forma de Estado alternativa, que «tercera vía» entre la independencia y el Estado de las Autonomías tiene en cartera el PSOE?