ANDRÉS ABERASTURI
11 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.No es fácil -por mucho que uno ponga los codos sobre la mesa- interpretar ahora el llamado Acuerdo o Tratado de Niza. Aznar salió contento y ha explicado los resultados como si de la Copa Davis se tratara: todo han sido triunfos para España. Y no sé yo. Me imagino al resto de los presidentes del resto de los países miembros explicando a sus ciudadanos exactamente lo mismo. Y cuando todos ganan, hay razones para sospechar que algo se oculta o, al menos, algo se minimiza. Podríamos entrar a desbrozar lo ganado y lo perdido, pero hay expertos que nos lo explicarán mucho mejor; a mí lo que me preocupa es el triunfalismo cuando los acuerdos con Marruecos sobre la pesca siguen pendientes, cuando la fruta española sigue siendo el oscuro objeto del deseo de los franceses y, sobre todo, cuando los llamados fondos de cohesión de la UE siguen siendo absolutamente necesarios para sectores de nuestra economía. Decía Anasagasti que España no es uno de los grandes de Europa. Pues no; tiene razón el líder vasco. Es evidente que Alemania, Francia, Italia más o menos y Gran Bretaña cuando quiera están por encima de nosotros; es también evidente que los países nórdicos, por pequeños que sean, tienen una capacidad de la que carecemos, pero eso no debe ser obstáculo para negociar con firmeza, y a la vez con realismo: somos lo que somos, tenemos lo que tenemos y somos y tenemos más que cuando entramos. No está mal. El verdadero problema no es nuestra posición en Europa sino Europa misma y, sobre todo, su futuro. Ya se han repartido el poder entre todos, ya está a punto de entrar en vigor la moneda única. ¿Para cuándo, entonces, la discusión sobre el papel de Europa frente a Estados Unidos y la política común en cuestiones sociales? Muchos creemos que es urgente, por lo que Europa representa -para bien y para mal-, y porque este continente es en parte responsable de muchos de los males que azotan el mundo. Negociemos las cuotas de poder pero sin olvidar que millones de personas siguen muriéndose de hambre.