XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS
15 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.Así, a bote pronto, confieso que no estoy en contra de la reforma de la educación secundaria propuesta por Pilar del Castillo, aunque tampoco me hubiese opuesto a que las cosas quedasen como estaban, o a que se hubiese vuelto al Trivium y el Quatrivium. Porque me temo que el problema no esté donde parece, y que, debido quizá a la extremosa educación que recibieron los del PP _franquista para los de siempre, y maravalliana para los cachorros_ carezcan del justo medio que permite distinguir los problemas y sus síntomas. Sobre el mismo mar, y con los mismos vientos, es posible _decía la poetisa_ que dos veleros se crucen, yendo hacia el Este el primero y hacia el Oeste el segundo. Porque son las velas, y no los vientos, las que marcan el destino. Y así de poética es, también, la cosa de la enseñanza, donde la probabilidad compuesta, la cronología histórica, la lógica geográfica y los verbos polirrizos no son más que los vientos de una singladura cuyo destino se decide en la generalización del sistema educativo, la preparación y la situación laboral de los profesores, las condiciones y el equipamiento de las aulas, la masificación o la despoblación de los centros, el contexto social y familiar, y una larga ristra de similares problemas y condicionamientos. Tal como lo veo, me parece que van a acertar de lleno los laicos de la Ceapa y los izquierdosos de UGT y CC OO cuando afirman, con enjundiosos discursos, que aunque la mona se vista de seda, si mona era mona se queda. Y que, sensu contrario, se equivocan los católicos de la Concapa cuando repican las campanas por la rectificación de unos programas que siempre se les antojaron contrarios _¡vaya por Dios!_ a las esencias de Occidente. Porque el año que viene, cuando se inicie el futuro, los colegios serán los mismos, los alumnos parecidos, los estudiantes excelentes se mezclarán con los pésimos, los profesores habrán perdido el 2 % de su poder adquisitivo, las bibliotecas seguirán con sus anaqueles vacíos, muchas aulas estarán atiborradas, los institutos racionarán los folios y los bolígrafos, los padres verán Gran Hermano y los obispos seguirán presionando para que la religión sea una asignatura. Y, lo que es peor, Aznar seguirá creyendo que España necesita ser más una y más grande, para ser también más libre. También seguiremos siendo uno de los países que menos investiga, que menos dota sus colegios y que peor paga a sus profesores.