EL DÉFICIT DEL 2001

La Voz

OPINIÓN

MANUEL V. SOLA PUNTO «GA»

03 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

Desde que las empresas se subieron a los altares nada hay más importante que la peseta (¿o el euro? ¿o el dólar?). En fin, que la nueva economía ha colocado al dinero en un pedestal y lo demás es secundario. Así es. En el ránking de los seis asuntos que hoy más preocupan a los gallegos, tres son económicos: por este orden, paro, problemas económicos y subida de la gasolina, en los puestos dos, cuatro y cinco. Sólo el terrorismo y las drogas inquietan más a la gente que una crisis económica. Esta es la materialista sociedad que estamos construyendo, en el que la solidaridad, el tercer mundo, la ecología, las viviendas sociales o la construcción de parques no tienen cabida en el corazón de la economía de mercado. En este contexto un Presupuesto General del Estado o un Presuposto Xeral de Galicia son biblias y sus cuentas, agua de mayo. En esta óptica social, un presupuesto con déficit cero es abrumadoramente positivo. Incluso si el Estado y la Xunta generasen ahorro, es decir, no gastasen todo lo que les damos, cuadrarían el círculo virtuoso de la economía. De la economía de mercado. Pero el mercado, en contra de la opinión dominante, no es la única parte de la economía. Esa es la razón de que existan gobiernos y que dispongan de importantes presupuestos públicos para gastar. Dicho de otro modo, el entorno social del déficit cero es el de los gobiernos que privatizan empresas públicas, gestionan congelaciones salariales, reducen endeudamiento, apoyan la inversión empresarial y propician bolsas rentables. Son los estados monetaristas los que hoy queremos, los que se entrometen en los sueldos pero no en los beneficios empresariales. Los que se preocupan por la presidencia de Telefónica o el agigantamiento de Endesa más que por el precio de la vivienda o el salario de los jóvenes. Para que quede claro, no es esto economía sino política. Un tipo de política que está dando respuesta a las principales preocupaciones de la sociedad, erradas o no, pero satisfechas con una economía aparentemente más poderosa. No es malo el déficit cero que propagan para el 2001 los presupuestos del Estado y de la Xunta. No es malo, siempre que se asuma que la ausencia de déficit presupuestario genera déficit de inversión pública, de solidaridad social y de jóvenes que quieran tener hijos en lugar de acciones en la Bolsa.