SAN MATEO, 23

La Voz

OPINIÓN

ROBERTO L. BLANCO VALDÉS

09 oct 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas!, que pagáis diezmos de la hierbabuena, y del eneldo, y del comino, y habéis abandonado las cosas más esenciales de la ley, la justicia, la misericordia y la fe». Así increpaba Jesús a los fariseos, en el evangelio de Mateo. No es difícil imaginar qué pensaría ahora ese Jesús defensor de la ley, la fe, la misericordia y la justicia, si viera a una gran parte de sus pastores de las tres provincias vascas y Navarra mucho más preocupados de los límites y el tamaño del cercado que pendientes de la seguridad de su rebaño. De un rebaño que hoy sufre más que nunca, por el incumplimiento de la ley, por la inmisericordia de los criminales y sus cómplices, por la injusticia de quienes se mantienen quietos y callados ante ella y por una fe en la que los derechos de los hombres son nada apenas frente a los de las supuestas patrias en que habitan. De un rebaño que ha sufrido y sufre ante el silencio _algunas veces culpable, otras sencillamente bochornoso_ de una Iglesia católica española que ha tenido en la llamada cuestión vasca su mejor oportunidad para estar a la altura de la responsabilidad contraída con sus fieles... y que la ha dilapidado por una mezcla incomprensible de tolerancia hacia los verdugos y de insoportable sentimiento de culpa hacia las víctimas. No contentos con su historia _esa que comienza con la carlistada de los curas trabucaires empeñados en terminar con aquel Estado, el liberal, que según ellos venía a enmendar la plana a Dios, y termina con Setién, un pastor que, como los fariseos increpados por Jesús, era del grupo de los que «van liando cargas pesadas y las ponen sobre los hombros de los demás, cuando ellos no quieren ni moverlas con el dedo»_ no contentos, digo, con su historia, los curas abertzales quieren ahora que su patria eclesial coincida con la que otros reivindican a golpe de tiro en la nuca y goma dos. ¡Que bonita forma de justificar una batalla! ¡Que hermoso gesto con los de la gasolina y la pistola! ¿Qué decir ante tan irresponsable petición? ¿Qué debería argumentar la jerarquía eclesiástica para negarse a aceptar lo que ETA y sus amigos habrían de celebrar como una victoria regalada? No hay que rebuscar, pues de nuevo la Iglesia tiene, en su propio libro, la respuesta. La que, según Mateo, daba a los fariseos Jesús de Nazaret: «¡Oh, guías ciegos, que coláis un mosquito y os tragáis un camello».