ROBERTO L. BLANCO VALDÉS
07 oct 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Había una vez un partido chiquitito, que no sabía, que no sabía navegar. Pasaron un, dos, tres, cuatro, cinco, seis semanas y aquel partido navegó... Bueno, algo más de seis, en realidad, pero lo cierto es que tras el aterrizaje de Touriño en la Secretaría General del PSdeG, el veterano líder comunista, que había llegado al socialismo por la puerta grande de una trayectoria indiscutible en defensa de los intereses de Galicia como alto cargo de los últimos gobiernos de González, fue capaz de lo que la mayoría de los tradicionales dirigentes socialistas creían poco menos que imposible. Con esa decisión y estilo imperturbables que son ya marca de la casa, Touriño agarró el timón de un paquebote que los sucesivos fiascos de Sánchez Presedo y Caballero habían reducido a frágil barquichuela y puso orden en un partido que era entonces un auténtico reino del desorden. Y así, mientras muchos mandamases se refugiaban en los botes salvavidas de sus ayuntamientos respectivos, o se volvían a su casa, Pérez Touriño, casi el último en haber llegado, consiguió por fin, tras acallar rencillas personales y políticas, ofrecer a la sociedad gallega la imagen de un partido en posición de competir con los demás y no solamente de competir consigo mismo. El buen resultado socialista en las últimas locales fue el primer premio al esfuerzo, voluntarista y algo desmesurado, de Touriño. Si todo sale como de antemano está previsto, el profesor universitario santiagués obtendrá ahora un premio adicional: ser reelegido secretario general por la inmensa mayoría de los delegados que asisten al Congreso que hoy clausura su partido. Ello le permitirá, sin hipotecas que serían plomo sobre las alas para él, comenzar a volar como candidato socialista a la presidencia de la Xunta y medirse de tú a tú con otros dos _los del PP y el BNG_ que sólo lo aventajan en edad y en el número de años que llevan ejerciendo como profesionales de la oposición o del poder. Esta victoria podría, obviamente, tener para Touriño un endoso negativo diferido si el PSdeG llegara a sufrir un nuevo batacazo electoral en los próximos comicios autonómicos. Pero aun en ese caso, será difícil exigirle toda la responsabilidad por el hundimiento de la nave a quien ha resultado ser el único dispuesto a pilotarla. A menos, claro, que a algunos les parezca corta esta historia del barquito chiquitito y que quieran que volvamos a empezar.