AL VENT

La Voz

OPINIÓN

VENTURA PÉREZ MARIÑO

25 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

La represión y el largo tiempo que el franquismo permaneció agostando los derechos y el desarrollo de los españoles hizo que desde la oposición progresista se comprendiese, aceptase y aun defendiese cualquier forma de lucha contra aquella opresión que empezó por derribar un Gobierno constitucional y acabó por voluntad propia, bien es cierto que empujada, ante la larga impotencia de las fuerzas opositoras. En ese largo periodo de pugna desigual, de obreros, estudiantes, intelectuales... y de libertades contra el muro inexpugnable de la fuerza dictatorial, llegamos a aplaudir, y después mitificar, a fenómenos como el de ETA que, por métodos violentos, eran capaces de recoger reivindicaciones populares, poner en un brete al franquismo y aun asesinar al número dos del régimen y delfín del franquismo, el almirante Carrero Blanco. Esa mitificación, y _por qué no decirlo_, en algún caso, agradecimiento, se fue impregnando por amplios sectores sociales, que no han querido enterarse de los cambios que se producían. Así, se atravesó un largo periodo de aturdimiento avestruzil, que conllevó una renuncia a opinar y un miedo a enfrentarse a los antaño héroes. La sociedad civil, especialmente la vasca, abandonó todos estos años, y dejó en manos de los políticos, los tribunales o las fuerzas de seguridad, la denuncia del fascismo, la extorsión y el asesinato que la banda practica; buscando, en su caso, soluciones individuales, renunciando a defender las libertades comunes y abandonando a las víctimas y a sus familiares con una especie de mensaje de dejadez y un, aún no hace mucho, «algo habrá hecho». Ha tenido que llover mucho, que sufrir mucho, que contemplar el angustioso secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, para que surgiese una respuesta desde la sociedad. La manifestación del sábado en San Sebastián fue eso, una respuesta por recuperar la dignidad, la voz y la calle; por recuperar la fuerza de la sociedad y su legitimidad. De decirles, retomando los viejos cantos unitivos contra el fascismo, La Libertad de Labordeta, el ¡A galopar! de Alberti/Ibáñez, o el Al Vent de Raimon, «¡Basta ya!». En San Sebastián se ha ganado la calle y la dignidad, y desde San Sebastián debe seguirse diciendo, desde la tolerancia, no a la intolerancia; desde el respeto del derecho, no a la barbarie, pero, eso sí, sabiendo que para ganar esta batalla, la sociedad civil no puede permanecer callada ni espectadora.