EL SUELO Y LA FISONOMÍA DEL PAÍS

La Voz

OPINIÓN

LUIS VILLAMOR

22 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Si uno viaja de Bilbao a Galicia por la Cornisa Cantábrica y llega a Ribadeo, disfruta de una ordenación urbanística, en muchos casos ejemplar, que se rompe con más frecuencia de la deseada cuando se rebasa la frontera del Eo. Ahora, Galicia adaptará su legislación urbanística al real decreto del Gobierno de medidas urgentes de liberalización del sector inmobiliario. Se trata de que haya más oferta de suelo por el procedimiento de convertir en solares edificables lo que hasta ahora era suelo rústico. Esto supondrá que casi un 50% del existente será urbanizable. La idea es clara: a mayor oferta de suelo corresponderá un abaratamiento de la vivienda. Los promotores argumentan siempre que es el precio del suelo el principal responsable del encarecimiento de la vivienda en Galicia, pero las nuevas medidas del Gobierno, que implicarán la adaptación de la Lei do Solo de Galicia, no parece que vayan a garantizar necesariamente este abaratamiento. Si un señor sabe que sus fincas son codiciadas por los constructores no es muy razonable pensar que vaya a enajenarlas a un precio modesto. Cualquiera puede adivinar que si ese ciudadano pedía antes tres ahora puede llegar a pedir treinta. Otra consideración. En Galicia, de los 315 ayuntamientos, más de 200 no habían adaptado hasta hace poco su normativa urbanística. Si en seis meses, con las nuevas medidas, un promotor puede llevar a cabo su proyecto si no hay respuesta municipal, no resulta descabellado imaginar que en los pueblos puedan proliferar todo tipo de diseños con escaso o nulo control por parte del concello. El llamado silencio administrativo abre las puertas a la construcción. Se puede producir ciertamente una situación de indefensión por parte de los ayuntamientos menos dotados para dar respuesta técnica a los proyectos que piden paso. Por eso las corporaciones locales demandan tiempo para adaptarse a los nuevos ritmos, que van, justamente, en sentido diametralmente opuesto a los recogidos en la actual Lei do Solo de Galicia. Habrá más terreno edificable, pero, ¿es que no había suficiente? Las nuevas medidas presentan algunas incógnitas que son claves para evitar que muchos ayuntamientos gallegos sigan siendo un ejemplo de desaguisado urbanístico. Medianeras, casas inacabadas en medio del monte, viviendas rematadas en cemento puro y duro... Habrá más construcción en el medio rural, pero se impone un control riguroso si se quiere salvar la fisonomía del país.