FERNANDO R. OJEA AL CONTADO
08 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Si el mercado del petróleo funcionase realmente, su cotización se desinflaría por debajo de los 20 dólares por barril, en opinión de expertos como Raúl Grien. Pero estamos ante un conflicto de trasfondo político, relacionado con el orgullo de la OPEP y con las cuentas pendientes de algunos países productores (Irak, Libia o incluso Venezuela) con Occidente. Sólo así se puede entender que hace año y medio el precio del barril cotizase a 10 dólares y ahora a 34. Una subida que ha refrescado la que se creía irrepetible crisis del Yom Kippur. ¿Quién la recuerda? Fue en 1973, en plena guerra árabe-israelí, cuando Gadafi interrumpió el suministro de crudo a sus clientes occidentales, a petición de Egipto y Siria, en represalia por ayudar a los hebreos. El precio del petróleo se disparó de forma inmediata y los países productores se dieron cuenta del valor estratégico que tenían entre manos. El punto álgido fue en 1980, cuando se alcanzó un techo de 36,83 dólares. Hoy nos acercamos a aquellos niveles impensables, pero las cosas han cambiado. Esta vez no hay una guerra sino un punto de partida, el del año pasado, en que la OPEP, incapaz de regular el mercado, tenía su prestigio por los suelos. Pero bajo la presidencia del bolivariano Hugo Chávez, ha decidido ganarse el respeto imponiendo crecientes restricciones a la producción de sus once miembros, con la connivencia de las compañías. La caída del euro ha multiplicado los efectos en Europa. No estamos ante la reedición del Yom Kippur, puesto que la OPEP es ahora más vulnerable. Los países productores saben que no es bueno enfrentarse con los países más ricos porque siempre acabarán viniendo los períodos de vacas flacas, y que si tensan mucho la cuerda promoverán el desarrollo de energías alternativas. Y los compradores ya conocen las debilidades de países como Nigeria, siempre proclives a romper la unidad de la organización. Todo ello, unido a la tendencia real del mercado que sitúa la cotización del crudo muy por debajo de la actual, permite el optimismo. La OPEP no debiera tardar en aflojar la presión. Quizá Chávez esté esperando a la cumbre del día 27 en Caracas para dar uno de sus golpes de efecto.