LOS NUEVE MESES VALLAS

La Voz

OPINIÓN

ROBERTO L. BLANCO VALDÉS

28 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Si, como afirman los que dicen estar en el secreto, las próximas autonómicas se celebrasen en mayo del año 2001, esta semana comenzaría en la política gallega la carrera de los nueve meses vallas. PPG, PSdeG y BNG se disputarán oro, plata y bronce en una prueba peculiar, en la que lo más sobresaliente es la distancia de los tres en la línea de salida. Tanta, que sus estrategias de competición tenderán a ser muy diferentes. El PPG parte con tantísima ventaja que, salvado el riesgo de un tropezón derivado de la lucha interna por ver quién salta a la pista finalmente, o de una lesión nacida de un empeoramiento de los datos económicos, a buen seguro apostará por mantener la política gallega en la atonía a la que la han conducido su dominio absoluto de casi todos los resortes de poder y las evidentes dificultades del BNG y el PSdeG para vertebrar no ya un proyecto alternativo, sino un eficaz discurso opositor. La atonía le irá bien, en todo caso, al PSdeG, que no tratará ahora ni de ganar ni de cambiar el bronce por la plata, sino sólo de que no gane quien podría con su victoria sacarlo de la pista: el BNG. Los socialistas no lo dirán, porque no pueden, pero saben bien que lo mejor que podría sucederles es que la eventual victoria popular quedase clara cuando se llegue al sprint de la carrera: de lo contrario, parte de su hinchada podría irse a la derecha, para evitar así la victoria de un BNG aun demasiado radical para amplios sectores del electorado socialista; y otra parte, la más pronacionalista, apostar por quien se presentaría como cabeza de la eventual alternativa a Manuel Fraga. Sólo el BNG intentará, por tanto, romper con una atonía que lo mantiene entretallado, sin espacio de escapada. Perdido el impulso que hubiera supuesto tener grupo en el Congreso, y forzado, por su cercanía al PNV, a no decir más que lo banal sobre el tema que hoy copa la agenda nacional _el del fascismo en Euskadi y en Navarra_, el BNG seguirá moviéndose en Galicia con dos ritmos de carrera muy distintos: el moderado, que impone un aparato convencido de que hay que crecer robando espacio al PPG, y el radical de su incontrolable portavoz parlamentario, empeñado en despreciar al electorado al que se pretende incorporar. ¿Podrá soportar el BNG ese constante cambio de cadencia? ¿Lo aguantarán sus atribulados electores? Esa es la gran incógnita de los nueve meses vallas que tenemos por delante.