CARAVANAS EN SAN CAETANO

La Voz

OPINIÓN

IGNACIO CARBALLO

28 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

El aparcamiento frente a la sede la presidencia de la Xunta en San Caetano, improvisado lugar de acogida del turismo de caravana en esta Compostela capital cultural, es una metáfora del agosto político de Galicia: calma chicha. Un despistado conselleiro de guardia habría pensado, y habría pensado bien, que San Caetano es en esta canícula escasa la prolongación de su retiro en Sanxenxo y su despacho, un promontorio desde donde otear vagamente los horizontes de fiestas gastronómicas, montes chamuscados y el imparable acelerón de los combustibles. Calma tensa. Pregones festeiros e inauguraciones con regusto preelectoral. Trabajo en los cuarteles de verano. En el PP, pendientes los flecos congresuales, todos creen haber hecho bien los deberes. Hasta Cacharro se ha propuesto aprobar el examen de las incompatibilidades, por fin y a la fuerza, en octubre. Los cuarteles de verano anuncian el fin de las baronías como la asignatura pendiente para otoño, como la obligada antesala, puertas adentro, de la confrontación autonómica que inevitablemente va a dictar el temario del inmediato curso político. El PSOE de Pérez Touriño, vitaminado tras haber puesto una pica en Ferraz, se propone hacer lo propio en A Coruña y Vigo bajo la conciliadora tesis de la renovación tranquila que proclamara Rodríguez Zapatero en julio. Tranquila mientras las advertencias no pasan de las palabras a los hechos. Asturias puede ser un mal precedente para esta prueba de la inquebrantable cohesión, del mensaje homogéneo. ¿Y el examen del BNG? Beiras desapareció en sus vacaciones dejando bien definido el test nacionalista: romper barreras ideológicas y ampliar sus bases a todo lo ancho del espectro electoral. Su reto será convencer a la sociedad de la apertura que proclama. La inmediata operación retorno de la política gallega marca el inicio de una cuenta atrás que avanzará desbocada hacia las autonómicas del próximo año. En realidad, la carrera hace tiempo que ha comenzado, pero ahora, sabedores de que éste era el último respiro de agosto antes de acudir a las urnas (dentro de doce meses, en todo caso, estaremos en plena precampaña), los políticos gallegos tratan de aferrarse a la piragua, a las bermudas y a la playa como si fuera el último verano. El lunes ya no habrá caravanas en San Caetano.