OTOÑO TEMPLADO

La Voz

OPINIÓN

XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS

27 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Para que un gobernante se gane el cocido diciendo que «España va bien» es absolutamente necesario que España vaya bien. En caso contrario, los presidentes tienen que dedicarse a estudiar informes, evaluar alternativas y tomar decisiones discutibles, sin tiempo para hacer esos juegos de palabras que transformaron a Aznar en un líder-increíble-pero-cierto. Desde hace cuatro años estamos disfrutando de un portentoso ciclo de vacas gordas que, además de abonar el terreno para la ensalada de obviedades que adorna el discurso oficialista, nos hizo perder la costumbre de cerrar las vacaciones con un entrañable artículo que, echando mano de los tópicos disponibles, aventuraba un próximo otoño caliente. Y por eso nos vimos obligados a banalizar nuestra pluma con reflexiones seudosociológicas referidas a la Liga de fútbol, en la que se concitaba todo el interés y la incertidumbre del nuevo curso. Pero este año es distinto. Y todo apunta a que ni siquiera Figo va a quitarle protagonismo al otoño político que empezará hoy mismo, tan pronto como los políticos y los politólogos hayamos deshecho las maletas estivales. La España que iba bien empieza a racanear. Los ministros más audaces dan sensación de parálisis. Los discursos sentimentales, estilo Mayor Oreja, cabrean al personal. Y hasta parece que los tractores agrícolas se niegan a arar la tierra usando como combustible esa frialdad aznarina que tanto asombra a los comentaristas que escriben en Madrid. Y eso quiere decir que _¡tachán,tachán!_, si no caliente del todo, llega _¡por fin!_ el otoño templado. La inflación está que se sale. ETA pone las pautas de la política vasca. Los inmigrantes llegan sin que medie el efecto llamada y sin que nadie sepa cómo afrontar la cuestión. Las leyes procesales tienen que ser reformadas. La violencia doméstica hace caso omiso de las fabulosas recetas que tenía el PP para solucionarla. Los agricultores, pescadores y transportistas se posicionan frente a la subida del petróleo. Marruecos le da largas al acuerdo pesquero. Las autonomías quieren más recursos. Las universidades esperan las reformas que ya eran inminentes hace cuatro años. A la policía de Arrecife se le escapó una porra delatora. El espíritu de Villalonga sobrevuela Telefónica. Alemania no tira suficiente. Y, por si algo faltaba, ¡también Gibraltar se quiere meter en la UEFA! Eso es, señoras y señores, el otoño templado. ¡A ver si, con él, regresa la política!