AROMA ELECTORAL

La Voz

OPINIÓN

ENRIQUE CURIEL

22 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

El anuncio realizado por Cacharro Pardo aceptando su relevo al frente del Partido Popular en Lugo significa el inicio de la campaña electoral de las elecciones autonómicas del próximo año y la consolidación definitiva de una orientación determinada en el aggiornamento del PP. En realidad, el abandono forzado de la cocina del partido por parte de Cacharro, era inevitable al resultar su perfil político radicalmente incompatible con los aires de centro reformista que Aznar ha conseguido consolidar tras el éxito en las elecciones generales al alcanzar de forma inesperada una mayoría absoluta. El PP, con Fraga, tiene poco que temer dentro de un año. El Bloque Nacionalista Galego, a pesar del carisma de Beiras, parece que no está fino, escasean las ideas nuevas, el resultado del 12 de marzo fue mediocre y le acecha el estancamiento electoral y político. El Partido Socialista de Galicia no parece una amenaza seria. A pesar de todo, como Arenas no se fía, con el relevo de Cacharro se pretende acentuar el carácter urbano, interclasista, levemente galleguista y centrista del voto del PP y al mismo tiempo comenzar el suave diseño del postfraguismo. Hoy, Cacharro es una bestia negra, como él dice, pero para sus compañeros de Madrid, especialmente para Rajoy, que teme no responder adecuadamente a la pregunta «después de Fraga ¿qué?». La sombra del Kursk también es alargada y Aznar no quiere sorpresas en su batalla para neutralizar a los nacionalismos. Equivocadamente, estima que han disfrutado de un plus político indebido y prepara el asalto electoral de Cataluña y Euskadi. Así las cosas, en Galicia lo ocurrido revela la determinación y el sentido político de los cambios que se preparan. La prueba de fuego del relevo serán las listas electorales en Lugo. A pesar de que el dimitido a palos pretenda designar a los sucesores, a estas alturas debería de saber que ninguna transición concluye como la diseñó el que se tuvo que retirar. Serán muchas las caras nuevas en el partido. Jóvenes cachorros liberales, funcionarios, universitarios y mujeres progres, próximos a la Obra. En todo caso, ha terminado una etapa en el PP de Galicia y comienza otra. El fraguismo sin Fraga. Se inició con la dimisión de Cuiña, continúa ahora con el relevo en Lugo y seguirá en Ourense, inevitablemente, con la salida de Baltar. Tengo para mí que la idea que tenía Cuiña hace tres años del tránsito en el PP y la política de alianzas que tejió han entrado en caída libre. Veremos si el nuevo PP funciona sin la clave de bóveda de Don Manuel.