TINO NOVOA
10 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Hay que remontarse quince años atrás para encontrarnos con una psicosis terrorista como la actual. Lo malo es que ETA se ha desbocado en su carrera asesina. Lo peor, la vieja sensación de que puede atentar en cualquier lugar, en todo momento y contra cualquiera que se mueva. Y lo pésimo, que nos limitemos a la autocompasión, a buscar en el diccionario el calificativo más duro para condenar a los terroristas. Porque la pregunta es: ¿qué vamos a hacer para acabar con esta barbarie? El Gobierno pide tiempo. Es razonable, pero no basta. La sociedad necesita una luz de esperanza, aun lejana, para evitar el desánimo y la resignación. La única culpable es ETA, pero la clase política es responsable por su incapacidad para articular respuestas. Empezando por el PP, que paga ahora la insensatez con que ejerció la oposición y la soberbia y partidismo de su política para Euskadi. Siguiendo por el PNV, incapaz de comprender que el País Vasco es más que un «batzoki», y el PSOE, que aún purga sus pecados. La solución, no suficiente pero sí necesaria, pasa por la unidad real de los demócratas, no impuesta unilateralmente desde dogmáticas enfrentadas sino desde el respeto a la diferencia. Ya es hora de que superen el autismo, dejen de fustigarse irresponsablemente y asuman sus obligaciones para evitar que sigamos yendo de entierro en entierro.