XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS
10 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Alguien tendrá que decir que ETA maneja el terror con lógica aplastante. Alguien tendrá que decir que ETA, a su manera, ya está dialogando con España: con la sociedad que se manifiesta para pedirle la paz; con el político que agota su repertorio de insultos; con el periodista que esgrime sus tópicos; con los moralistas, juristas y politólogos que tratan de explicarle que matar es malo, que el Estado y la Constitución no son negociables y que no tienen dinamita para matar a todos los demócratas. Alguien tendrá que decir que el hecho de insultarlos, despreciarlos, evidenciar su minoría y dejar patente la injusticia de sus planteamientos, no impide que cuatro encapuchados estén marcando la agenda del Gobierno y degradando a su antojo la cultura política de los españoles, hasta el punto de acorralarnos en un discurso único, resignado y estéril que nos incapacita para diagnosticar los hechos y nos hace buscar loe enemigos en nuestras propias filas. Así las cosas, parece claro que este doloroso verano se está desarrollando con los estrictos cánones de una tragedia griega: un grupo de asesinos que matan a diestro y siniestro, como si fuesen los agentes de un destino inexorable; un gobierno que actúa con reflejos condicionados, sin capacidad para salirse del guión y sin valentía para entrar en el fecundo discurso de lo discutible; unas víctimas que van cayendo sin más justificación ni más criterios de selección que su fatal presencia en el estrado; y un pueblo que, haciendo el coro, rellena los huecos de la acción y pone ecos al destino. Y así treinta años. Con matices y explicaciones, pero treinta años. Con errores y connivencias, pero treinta años. Con dictadura y democracia, con Mesas de Madrid y Ajuria Enea, con medidas policiales y con pactos, con treguas y escaladas, pero treinta años. Con la soledad del PNV y con la asunción masiva del frustrante ¡basta ya!, pero treinta años. El terrorismo es un nudo gordiano que no va a ser desenredado por el huero aguante del Gobierno. Y la lucha contra ETA depende de una política que, como tal, debe ser discutida, evaluada y, si procede, revisada. Por eso es un grave error hacerle el contrapunto a esta diaria tragedia, en vez de coger la espada y cortar el nudo gordiano que atenaza el futuro. Con José María Korta insepulto, cuatro tiros por la espalda abatieron a Francisco Casanova. ¿Por qué? Porque ETA ya no puede vivir sin su diaria ración de manifestación y silencio.