JOYA ANIMADA

La Voz

OPINIÓN

CINE / M.A. Fernández

21 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Cuando, en 1940, apareció Fantasía, Walt Disney hacía una brillante apuesta por la animación en su vertiente adulta. De aquella genial combinación de dibujo y música clásica resultó un filme que todavía en 1991 se podía adquirir en una edición limitada para coleccionista que confirmaba su condición de portentosa joya. Fue entonces cuando la productora anunció que haría Fantasía 2000, en la que sólo se conservaría el memorable número de El aprendiz de brujo. El resultado ya está en las pantallas y, aunque se ha avanzado mucho en este terreno, estamos ante otra joya de visión obligada. Música e imágenes ensambladas en ocho entregas introducidas por caras conocidas (Steve Martin, Bette Midler,...), hacen un conjunto perfecto. Es difícil destacar una pieza sobre otra porque músicas y dibujos son resultado de talentos distintos. La fascinante alegoría ecologista de Cuentos de ballena bajo las notas de Pinos de Roma, de Respighi, o el homenaje al Nueva York del jazz en los años veinte con Raphsody in Blue, de Gershwin. La aventura animal de Flamencos y yo-yos subrayada por el Carnaval de los animales, de Saint-Saëns, o el romántico El soldadito de plomo acompañado del Concierto para piano número 2, de Shostakovich. Y, por supuesto, El aprendiz de brujo, un corto de 1937 ensamblado en el filme original y ahora introducido como nexo. De esas películas que no precisan comentarios. Basta verlas y disfrutarlas porque poseen el don de admitir revisiones. Los ojos y los oídos lo agradecen. De ahí a la gozada integral.