¿PODEMOS CON ETA?

La Voz

OPINIÓN

CARLOS MARCOS BLANCO

16 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Recientemente, Manuel Fraga se dirigió al presidente Aznar para decirle que no compartía su decisión sobre la retirada de nuestro joven presidente. Al final de sus palabras dijo Fraga: «Y si no lo digo, reviento». Me pasa lo mismo. Estoy harto de ETA, del terror que siembra, de la sangre inocente que derrama, del tiro en la nuca y de sus representantes políticos, ya sean HB o EH. Pero también estoy harto de lamentaciones, de minutos de silencio, de manifestaciones, de pésames, de lágrimas de dolor y de estériles diálogos políticos con los terroristas y su entorno. En definitiva, estoy harto de la importancia que me corroe cada vez que matan o cuando siembran el terror en la calle y atemorizan a la población. Están matando a personas, pero, además, están matando nuestra convivencia pacífica; están matando nuestra democracia. Son ya muchos años y muchos muertos y, sinceramente, son ya muchas las dudas que tengo sobre si el Estado está haciendo todo lo posible para acabar con estos bárbaros. Tengo la sensación de que no se está agotando la capacidad, Constitución en la mano, de los recursos del Estado español para enfrentarse al problema. Los políticos no me trasladan, para nada, el convencimiento de que el problema ETA tenga una firme respuesta desde las estructuras del poder. Creo en Aznar y también en Mayor Oreja, sé que, si por ellos fuera, no quedaría un esfuerzo por hacer, pero el reloj de arena de mi paciencia ha dejado caer ya el último grano. ¿Tiene el Estado algún recurso más de los que se han utilizado hasta ahora para acabar con ETA? Está claro que las políticas que se han desarrollado hasta hoy no son suficientes. Tanto diálogo con ETA, tanta confusión sembrada por el PNV y todo el mundo nacionalista vasco, no puede hacernos perder la perspectiva del problema. Que si los presos vascos y su acercamiento, que si Lizarra, que si conversaciones en Argel o en París. ¡Ya está bien! Hablaba el socialista Juan Carlos Rodríguez Ibarra de la conveniencia de una mayor presencia y acción del ejercicio en el País Vasco. Yo no sé si esa es una solución, pero sí pienso que aparte de las acciones que nuestro ejército lleva a cabo para pacificar problemas internos que los nacionalistas generan en otros países (Croacia, Bosnia y Herzegovina, Kosovo, etcétera), bien pudiera también aportar su presencia y acción para un problema que tenemos mucho más cerca. Desde luego, en el Ulster, la presencia del ejército contribuyó definitivamente a una nueva evolución del problema IRA. No sé qué hay que hacer, pero hay que hacer algo, porque, si no, proliferará la idea de que no podemos hacer más contra ETA, de que el Estado no tiene recursos constitucionales para enfrentarse a ella. Me niego a admitir que esto sea así y, de paso, advierto a los políticos para que espabilen, porque el pueblo español está ya saturado de ETA, pero también de sentidos pésames que no valen para nada. Somos más los demócratas que los asesinos y, aun así, parece que nos están ganando. Todos juntos podemos hacer más, el Estado y nuestros políticos. Podemos acabar con ETA, pero que nadie pierda más tiempo buscando el Nobel de la Paz y esperando un acuerdo con ella. Es una utopía. Hay que acabar con ETA, y si no lo digo reviento.