Don José Luis, un señor de Murcia (Cartagena, para ser exactos), tras evangelizar París, donde conoció a la Ninette del título (a la que algunos pondrán cara de Victoria Vera y otros de Elsa Pataky) y la República Dominicana, regresó a Murcia, donde recuperó el tiempo perdido y tuvo 14 hijos. Cuando el mayor le dijo que quería ir a la Universidad, echó cuentas y fundó la UCAM. Con el dinero que se ahorraba patrocinó el equipo de baloncesto y, a cada hijo universitario, iba incrementando la inversión: Cabezas, Neto, Bamforth, Radovic, Kelati, Lima, Antelo... Cansado de entrenadores que no paraban de blasfemar en los tiempos muertos, cerró el círculo poniendo el equipo en manos de la mística salesiana de Diego Ocampo que, a pesar de alguna esporádica crisis de fe, trajo al Murcia a Sar en pleno éxtasis teresiano, todo lo contrario que un Obra atormentado por cuatro derrotas y las lesiones de Haris y Nankivil.
Pero el Obra en Sar se ilumina. Si ellos tienen Cabezas nosotros tenemos los brazos incorruptos de Corbacho y Adam. Si tienen Lima, nosotros afición (Bifrutas y Gigantes); si tienen mística salesiana nosotros ética lasaliana (y por triplicado); y si ellos siguen los caminos del Señor, nosotros las defensas de Moncho, que son igual o más inescrutables.