Llevamos más de tres meses soportando una lluvia inmisericorde, que no da tregua, que parece no tener fin. Estamos hasta las narices los gallegos porque al salir de casa no sabemos si ponernos el impermeable o el neopreno. Tenemos los embalses a rebosar, que si el agua se pudiera exportar podríamos ser tan ricos como Arabia Saudí. Solo falta ya que la especie gallega se adapte al medio y nos empecen a salir aletas en las manos y los pies.
¿Y qué pasa cuando tenemos que sacar el coche o la moto? Pues que nos enfrentamos a chubascos fuertes, granizadas, también nieve en la montaña, niebla en los valles y ráfagas de viento huracanadas. Pero los gallegos somos expertos conductores bajo la lluvia, nos apañamos bien, estamos acostumbrados. Podemos esquivar los miles de baches y socavones que han surgido por doquier en la red viaria gallega, somos capaces de hacer contravolante en las rachas de viento, de apurar la frenada en las placas de hielo y de sacar la vista de lince que tenemos en medio de la niebla. No nos queda más remedio. Con lo de rodar con el agua a media altura del coche nos deberían dar a todos el PER habilitante para llevar barcos.
Son condiciones extremas que nos han hecho buenos conductores sobre agua. Muchos paisanos tienen que hacer auténticos tramos de rali bajo la lluvia para llegar cada día a casa.
¿Y qué me dicen de los coches? Con el parque más antiguo de España, resisten como jabatos las inclemencias del tiempo. El otro día se me saltaron las lágrimas subiendo un puerto de montaña detrás de una C15 de 1988 que iba como una bala. Era del panadero y no había faltado ni un solo día a su cita con los clientes. Por ahí afuera no lo entenderían. Aquí sí, porque sabemos que la C15 se fabricaba en nuestra tierra. Está adaptada.
Hay que sacar el humor para resistir este invierno, pero no hay que olvidarse que esto es mas serio. Que al final no se trata solo de ir bajo la lluvia o la niebla. Que falta mantenimiento de nuestra red viaria, que hay baches por todas partes, que las cunetas no están pintadas o que si lo están han sido cubiertas por la maleza. Y la señalización tampoco ayuda. No hace falta que la lluvia nos lo ponga más difícil. Poco podemos hacer los conductores en esta situación, pero no estaría de más que le echásemos un vistazo a nuestras ruedas y comprobar cómo está el dibujo de la cubierta, o si llevamos la presión adecuada. E incluso algo más fácil, como es encender las luces del coche y darnos una vuelta alrededor para comprobar si hay alguna fundida. Y esas escobillas limpiaparabrisas que a veces estiramos cinco inviernos y ya no valen para nada. No hay que confiar todo a nuestra destreza, con la que está cayendo. Aunque, como decía mi abuela, nunca choveu que non escapara.