La moto exhibe su imagen utilitaria

MOTOR ON

Marco Campelli

09 jun 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Corren malos tiempos para los automóviles en las ciudades, que en algunos casos ya los han expulsado, o en todo caso los repudian. Quizá por eso, en tiempos de crisis para las cuatro ruedas, resplandecen las dos ruedas y las ventas de motos crecen en toda España, mientras languidecen las de automóviles.

Son buenos momentos para las motos, que poco a poco van demostrando su faceta utilitaria en las grandes urbes. Ocupan menos espacio, agilizan el tráfico, no tienen problemas de aparcamiento, contaminan menos. Son además vehículos que cada día resultan más imprescindibles para determinados trabajos. Las mensajerías que entregan paquetería de empresas como Amazon o los repartidores de comida a domicilio tienen sus mejores aliados en las motocicletas y ciclomotores. Y también las empresas de alquiler de motos eléctricas, con emisiones cero, cumplen un cometido social para aquellos que no tienen vehículo y encuentran su oportunidad en forma de «motosharing» subidas a cualquier acera.

De esta forma la moto abandona una imagen antipática que tenía hace algunos años, donde se les acusaba de ser vehículos para el puro exhibicionismo de los pijos o los macarras, para convertirse en un vehículo más socialmente aceptado.

Es cierto que todavía tiene que evolucionar. La primera lacra sigue siendo esa imagen de peligrosidad que tiene, auspiciada por los titulares de los telediarios que cuando dan las cifras de accidentados o muertos resaltan el cupo de motoristas entre ellos. No añaden, por supuesto, cuántos de esos accidentes fatales son provocados por los vehículos de cuatro ruedas, eso no.

Tampoco inciden en la poca fe y menor presupuesto que las diferentes administraciones ponen a la hora de renovar los guardarraíles «asesinos» por otros que protejan más al motorista. Los políticos solo se hacen la foto con ellos antes de las elecciones y después se olvidan del tema.

La moto tiene que seguir evolucionando también en algunos aspectos, como el del ruido, y en este tema sería deseable también un poco de mano dura por parte de policías locales y Guardia Civil con los escapes que superan los decibelios. Sería un paso adelante en ese cambio de imagen amable de la moto.

En los últimos tiempos han surgido otros actores en el entorno de la movilidad urbana que podían amenazar a la moto. Hablo de las bicicletas eléctricas o de los patinetes. Pero una vez que se va aclarando su sitio, fuera de las aceras y compartiendo espacio con coches, motos, autobuses y furgonetas por las vías de circulación, estos vehículos pierden su encanto, al tiempo que muestran también sus debilidades y peligrosidad.

Al final una moto permite asimilarse en velocidades y respuestas con el resto del tráfico y además resultan más visibles que un patinete o una bici. Otro factor a tener en cuenta es que más temprano que tarde, las bicis eléctricas e incluso los patinetes tendrán que pasar por el trámite de matriculación para estar identificados y el del seguro. Y ahí perderán su única baza frente a los ciclomotores, por ejemplo, cuyo precio no es, además, tan lejano de estos otros vehículos alternativos que se han puesto de moda últimamente. La moto tiene mucho futuro por delante y es un actor imprescindible en el tráfico urbano.