Meloni da la espalda al dragón chino

Valentina Saini

MERCADOS

ETTORE FERRARI | EFE

La ultraderechista y primera ministra del país transalpino se plantea abandonar la Nueva Ruta de la Seda firmada con el gigante asiático hace cuatro años y acercarse así a EE.UU.

18 jun 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Corría el 2019 cuando el entonces primer ministro, Giuseppe Conte, al frente de un Gobierno populista —formado por el Movimiento 5 Estrellas y el partido de extrema derecha Liga— firmaba un Memorándum de Entendimiento (MDE) con el presidente chino Xi Jinping para colaborar en el marco de la Belt and Road Initiative (BRI), la llamada «Nueva Ruta de la Seda» creada en el 2013 por Pekín para reforzar los vínculos comerciales y de infraestructuras entre China y el resto del mundo. Entonces, en Bruselas y Washington no hubo entusiasmo: la UE considera a China un socio, pero también un competidor económico y un rival sistémico, e interpretó la adhesión de Italia a la BRI como una señal de la deriva antieuropeísta del Gobierno populista del país transalpino; por su parte, el entonces presidente de EE.UU., Donald Trump, se mostró muy hostil a Pekín y a que un país del G7 se sumara al principal programa de política exterior de China. Pero el Gobierno italiano sostenía que la firma del MDE ayudaría a las empresas italianas a crecer en el mercado chino.

Más de cuatro años han pasado desde la firma del MDE, que tiene una validez de cinco años y prevé una prórroga automática «a menos que una de las partes lo rescinda». En Italia, los medios dan por seguro que el Gobierno dirigido la ultranacionalista y líder del partido de ultraderecha Hermanos de Italia (HdI), Giorgia Meloni, no quiere prorrogar el MDE. Tal y como explica un diputado centrista, «HdI no es pro-China, a diferencia de algunos elementos de la Liga [socio de Gobierno de HdI]. Y Meloni sabe que, en EE.UU., ni los demócratas ni los republicanos ven con buenos ojos que Italia forme parte de la BRI. Por eso es muy probable que Italia la abandone pronto».

La adhesión a la BRI no parece haber sido tan útil para las exportaciones italianas a China, que en el 2022 ascendieron a 16.000 millones de euros, menos que las de España (32.000), Suiza (31.000) y Polonia (19.000); además, el año pasado, las ventas transalpinas a China fueron el 2,6% del total, frente al 2,9 % en el 2020. En cambio, las exportaciones italianas a EE.UU. superaron los 65.000 millones de euros, y podrían seguir creciendo.

El diputado centrista sostiene que, en Meloni, «el atlantismo es el elemento fundamental, no solo de su política exterior, sino de su propia identidad; además salir de la BRI sería una forma de tranquilizar a los empresarios que hacen negocios en EE.UU., y de tener controlado a Salvini, que fue miembro del Gobierno que firmó el MDE».

Pero si Italia abandona la BRI, ¿cómo reaccionará China? Muchos en Roma se lo preguntan, entre otras cosas, porque la política exterior es responsabilidad del Partido Comunista de China (PCCh), el corazón del poder en el país asiático. Según explica Bruce Dickson, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad George Washington y autor del libro sobre el PCCh The Party and the People, «las grandes decisiones de política exterior las toma el Comité Permanente del Politburó, compuesto por los siete miembros de la cúspide del PCCh». Además, «la BRI es el programa que caracteriza la política exterior de Xi Jinping. La voluntad de participar en él es vista como una señal muy positiva por parte de los dirigentes chinos». Pero como la BRI es cada vez más criticada en Occidente, señala Dickson, «si finalmente Italia la abandona, los líderes chinos no se alegrarán por ello, pero tampoco se sorprenderán demasiado». Por otra parte, Pekín está dimensionando el peso de la BRI. Por ello, una retirada italiana será importante desde el punto de vista simbólico, pero no tanto desde el punto de vista estratégico, como lo habría sido hace un par de años, cuando la BRI ocupaba un lugar más destacado en la política exterior de China».