Primux, la tecnológica gallega que cambia China por Ourense para fabricar sus ordenadores

MERCADOS

La empresa crea una línea de producción en el polígono de San Cibrao de donde salen cada día 400 equipos informáticos «made in Spain»

06 dic 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

La empresa Primux lleva más de una década dedicada al diseño y desarrollo de dispositivos informáticos, productos que nacen en su sede de Galicia pero que generalmente ven la luz en Asia. Sin embargo, en este 2020, la firma tecnológica ha dado un salto importante y ha decidido acercar la fabricación de sus ordenadores de sobremesa a su sede, situada en Tecnópole, el Parque Tecnolóxico de Galicia. De la línea de producción que han montado en el Polígono de San Cibrao das Viñas (Ourense) ya salen cada día unos 400 equipos diarios que llevan el distintivo «made in Spain».

¿Y es posible competir con China en la fabricación de productos tecnológicos? «Ahorramos en logística, pues utilizamos procesadores nacionales; y el hecho de tener la fábrica cerca nos permite acortar tiempos y controlar mejor la producción», explica Toni Alvar, director de I+D+i de la compañía, que destaca además que su idea es ampliar de esos 400 equipos diarios hasta los 1.600, pues tienen capacidad para crear cuatro líneas más de producción. La ampliación de la sede de Primux en esta primera fase se ha realizado únicamente con capital privado.

Los equipos fabricados en esta nueva planta son ordenadores de sobremesa, destinados al gaming, a equipos para el hogar y también para empresas. Lo que no se plantean por el momento es dejar de producir en el gigante asiático su línea de portátiles: «Hoy por hoy es inviable, allí están todos los almacenes de materia prima», explica Alvar. Reconoce que, cuando la idea empezó a rondar por sus cabezas, sí barajaron la posibilidad de fabricar los portátiles en España, «pero no salían los números». Entonces comprobaron que lo que sí era viable era acercar a sus oficinas la producción del producto de sobremesa que estaban desarrollando; y se pusieron en marcha. «Los costes de montaje son más elevados que en China, pero en este tipo de ordenadores al final compensa pues utilizamos procesadores hechos aquí», indica Alvar.