El presidente de Alcoa tiene en vilo a un millar de familias en A Mariña, que ven peligrar su futuro
04 oct 2020 . Actualizado a las 05:00 h.Tuvo en vilo a cientos de familias gallegas y asturianas hace de ello ya más de un año. Cierto es que él ya no está, pero en esos hogares todavía no han recuperado la tranquilidad. Ahora ha sumado a esa lista otras muchas, casi un millar, de A Mariña, que ven peligrar su sustento. Y no solo el suyo, sino también el de la mayoría de sus vecinos. Porque, como llevan meses clamando en las calles, «el cierre de Alcoa es la muerte de la comarca». Hablamos de Roy Harvey, el presidente de la multinacional estadounidense.
Allá en Pittsburgh, donde tiene su sede este gigante del aluminio, han decidido que hay que hacer las maletas. Que lo de producir ese metal en España ya no es rentable. Que hay que cerrar la planta de San Cibrao. La de aluminio, que no la de alúmina. Cerrarla y no vendérsela a nadie, que ya avisan ellos al posible comprador, por si no lo sabe, de que ese negocio es una ruina, así que es mejor que no se meta en ese follón. Por no vendérsela no quiere vendérsela ni al Gobierno. Ni que decir tiene que le llueven las presiones. De los trabajadores, de los ayuntamientos, de la ciudadanía, de la Xunta, del Gobierno... Pero, no hay nada que hacer. Salvo pararles los pies. Fórmulas se están buscando. Que prosperen o no, el tiempo lo dirá.
Y no es esta una decisión que haya tomado Harvey en la cúspide de su despacho de Pittsburgh sin saber muy bien dónde queda eso de A Mariña, ni lo que Alcoa significa para ese territorio y sus gentes. Para nada, porque Harvey fue director de la planta de A Mariña allá por el 200. Ha llovido mucho desde entonces, y o a gusto de todos en el mercado del aluminio, sino más bien todo lo contrario, pero conoce el terreno. Y puede que a más de un trabajador de los más de 500 que tiene la planta y que ahora ven peligrar su empleo.
Ingeniero de Minas por la Universidad de Columbia y con dos másteres de la Universidad de Pennsylvania, uno en Finanzas Internacionales y otro en Finanzas Corporativas, que simultaneó en el tiempo, lleva las riendas de un grupo que hace negocios en 10 países y tiene a su cargo más de 14.000 empleados. Y el año pasado recibió por ello más de 11 millones de dólares.
Llegó a Alcoa en el 2002, procedente de Greenstone Resources Ltd., una empresa minera volcada en el lucrativo negocio del oro en Centroamérica. Cuando lo dejó tenía a su cargo la división de asuntos medioambientales de la compañía. Ya en Alcoa, donde ha pasado hecho por un nutrido grupo de departamentos, haciendo honor a la versatilidad que de él destacan entre sus virtudes quienes más lo conocen, sobrevivió a la división de la compañía en dos hace de eso ahora casi cuatro años. Alcoa empleaba entonces en España a algo más de 2.000 trabajadores repartidos en cuatro plantas: tres de fabricación de aluminio primario en A Coruña, Avilés y San Cibrao; y una refinería de alúmina, también en San Cibrao. Las dos primeras las vendió el año pasado en una rocambolescas operación que todavía coles; y la tercera la quiere cerrar, que no vender. Solo quiere la refinería.
Y todo ello tras una larga historia trufada de lamentaciones ( que si el precio de la energía está por las nubes, que si el mercado del aluminio está intransitable, que si vamos a tener que cerrar porque esto no es rentable...) y una lluvia de millones en ayudas, empezando por las que recibió en esas subastas de nombre impronunciable (ininterrumpibilidad) a las que acudían los grandes consumidores de energía para asegurarse precios más baratos a cambio de un servicio que no era seguro que tuvieran que prestar.
Con todo, aún le restan a este amante de las matemáticas ducho en idiomas y a su hombre en España, Álvaro Dorado, muchos números por hacer. Y no estamos hablando solo de cifras.
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