Tim Cook: El heredero del billón de dólares


Ni las investigaciones antimonopolio abiertas contra los gigantes tecnológicos norteamericanos en su propio país, ni las advertencias fiscales de la UE, ni la crisis sanitaria del coronavirus le han hecho mella. Todo lo contrario. Apple ha pegado el último estirón. Los inversores la han llevado en volandas hasta convertirla en la primera empresa de EE. UU. en alcanzar el techo inédito de los dos billones de dólares (1,67 billones de euros) de capitalización. La más valiosa del mundo. Steve Jobs, el fundador de la compañía de Cupertino, no solo hizo posible que sus productos y servicios revolucionasen para socializar la manera de comunicar, sino que vio en Tim Cook el mejor heredero de su legado. Y a la vista está. Ha necesitado una década para lograrlo.

Los números de Apple refuerzan también la cuenta de Cook hasta convertirlo en milmillonario. No está entre los más ricos del mundo, pero tampoco lo pretende. Este ingeniero sin apenas interés por lo que se cuece en las cocinas del departamento de desarrolladores en la sede de Silicon Valley -a diferencia de su mentor-, hace tiempo que manifestó su intención de dejar la mayor parte de su fortuna a la beneficencia. El dinero no es su motivación. Únicamente le preocupa que su sobrino adquiera una sólida formación. El resto para los que lo necesiten. Especialmente con donaciones para la investigación de la esclerosis múltiple, enfermedad que le diagnosticaron hace 24 años y que entonces le mantuvo apartado del trabajo durante un tiempo. Aquello le hizo ver la vida de otra manera.

A punto de cumplir los 60 años el próximo noviembre, Tim Cook procede de una familia modesta. Es el mediano de tres hermanos, que se criaron en un pequeño pueblo del estado de Alabama, donde su padre trabajaba en la construcción de barcos para un astillero mientras su madre ejercía como ama de casa.

De ahí a la universidad, donde se formó como ingeniero industrial, lo que le valdría para ocupar una plaza durante

años en IBM. Porque su afán era el de embarcase en el área de la tecnología informática. Apenas dos años antes del cambio de siglo, tomó la decisión de su vida. Incorporarse a la plantilla de Apple. No resultó fácil. Entonces la compañía de la manzana acumulaba pérdidas en sus cuentas y para algunos se encontraba al borde de la extinción. Necesitó menos de un año para cambiarlo todo. Y hasta hoy.

Sin duda, Cook camina solo. Lo hace desde hace tiempo, aunque la sombra de Steve Jobs le acompañará siempre. Así como la inevitable comparación de liderazgos. A diferencia del fundador, la ingeniería y diseño de productos no le incentivan como la marcha de las operaciones. A Tim Cook le corresponde llevar a Apple a lo más alto, con disciplina, inteligencia y mucho trabajo. Dicen de él que es un adicto: el primero en llegar a la oficina y el último en salir. Obsesionado con el deporte, se levanta antes de que amanezca, sobre las 4, para leer correos electrónicos, cientos, acudir al gimnasio y luego a trabajar. Un tipo con fama de serio que no suele levantar la voz y que le gusta empatizar con unos compañeros, que si algo temen de él es su interés por preguntar lo que sabe que no pueden contestar.

Entre sus aficiones, el ciclismo, el contacto con la naturaleza y la música. Hermético sobre su vida privada, no ha tenido reparos en reconocer que ser gay «es uno de los mayores dones que Dios me ha dado». Y, sin duda, el de liderar uno de los mayores gigantes tecnológicos de la nueva era en la económica. 

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