R.J. Scaringe, la pesadilla de Elon Musk

El presidente y fundador de Rivian se enfrenta a una demanda de Tesla por competencia desleal


Dicen de él que es el nuevo Elon Musk. Que puede que hasta supere al fundador de Tesla en ingenio. Desde luego que maneras apunta. Quizá por eso ha conseguido sacar al sudafricano de sus casillas. Cosa, por otra parte, nada complicada, todo hay que decirlo. Tanto, que acaba Musk de presentar contra él una demanda ante la Justicia. Hablamos de Robert Joseph (más conocido como R. J.) Scaringe (Estados Unidos, 1983), presidente ejecutivo y fundador de Rivian Automotive. Acusa Tesla a Rivian de competencia desleal. Asegura en la demanda presentada ante un tribunal de California que la firma de Scaringe le ha robado a algunos de sus empleados con la ladina intención de obtener información confidencial de la empresa.

Ni que decir tiene que los de Rivian lo niegan. Dicen que la demanda carece de «fundamento» y que esos comportamientos van en contra de la «cultura, el espíritu y las políticas corporativas» de la compañía. La Justicia dirá quién de los dos tiene la razón.

Licenciado en Mecánica en el Instituto Politécnico de Rensselaer de Nueva York con el mejor expediente de su promoción, tiene Scaringe también un máster en Ciencias y un doctorado en Ingeniería Mecánica en el prestigioso MIT de Massachusetts, uno de los centros de investigación de referencia para la futura industria del automóvil.

Declarado amante de la naturaleza, asegura que la idea de Rivian nació precisamente de su preocupación por el medio ambiente. Fundó la compañía en el 2009, con tan solo 26 años. Y no fue hasta diez años después cuando presentó sus dos primeros vehículos completamente eléctricos. Lo hizo en el Salón del Automóvil de Los Ángeles. Y el mundo de la automoción le abrió los brazos. Tenían ante sí un genio precoz. O eso dijo la prensa entonces.

Ya no es tan joven, pero sigue en la cresta de la ola.

Tanto, que cuenta entre sus inversores con algunos gigantes de la talla de Amazon, BlacRock o el fabricante de automóviles Ford. Entraron en la firma el año pasado, en lo que se conoce como rondas de inversión en la jerga de las start-ups. En la última que realizaron en el 2019 los de Scaringe consiguieron que les confiaran 1.700 millones de dólares. No es poca cosa.

Y no solo eso, el titán del comercio electrónico que pilota Jeff Bezos le ha encargado también a Rivian 100.000 furgonetas para su futura flota de reparto de cero emisiones. Prevé Amazon tener 10.000 de esos nuevos vehículos eléctricos circulando por las carreteras para el 2022. El 100 % en el 2030, lo que se traducirá en cuatro millones de toneladas de carbono menos al año.

Los cálculos de Rivian pasan por poner a la venta sus primeros coche en el 2021. Si la pandemia lo permite, claro. No son para todos los bolsillos. Costarán más de 50.000 dólares. «Vehículos aventureros» para «gente con estilos de vida activos». Así es como los define la publicidad de Rivian

Al contrario de lo que le sucede al histriónico magnate sudafricano, lo de Scaringe es la discreción. Ninguna salida de tono. Por lo menos en público.

Lo suyo es trabajar sin hacer ruido. Y así, de paso, se evita las presiones añadidas que conlleva tener demasiada visibilidad. No como Musk, famoso por aquello de meterse en charcos. Uno detrás de otro.

Lo resumió muy bien Scaringe después de presentar por primera vez en público sus vehículos. «Nos hemos mantenido callados durante tanto tiempo para asegurarnos de que teníamos todas las piezas en su lugar. No hacemos shows». La batalla está servida, y no solo la judicial. La carrera del coche eléctrico ya no es cosa de un solo piloto.

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