La renta básica ya no es una utopía

El avance de la pobreza por la pandemia lleva a algunos países de Latinoamérica a poner en marcha ayudas similares al ingreso mínimo, una cuestión que hasta hace poco era tabú


Bogotá

La posibilidad de establecer un ingreso básico era considerada hasta hace poco una excentricidad en la mayoría de Latinoamérica, pero la pandemia mundial del coronavirus ha cambiado esa percepción. Algunos países de la región ya han establecido ayudas similares a una renta mínima, e incluso la Comisión Económica para América Latina el Caribe (Cepal), dependiente de la ONU, ha defendido públicamente su aplicación. «La pandemia ha puesto de manifiesto las debilidades de los regímenes de bienestar y la cobertura social en toda la región. Es patente la precariedad y desprotección de grandes poblaciones de América Latina y el Caribe. Ello también expresa la profundidad de la cultura del privilegio y de las desigualdades en nuestros países, y por ello se requiere un nuevo régimen de bienestar», explica Pablo Yanes, coordinador de investigaciones de la Cepal en México.

El brazo de la ONU ha propuesto crear un ingreso de emergencia para que los más afectados por la crisis puedan sobrevivir. La ayuda equivaldría al coste per cápita de obtener una compra básica de alimento y otras necesidades esenciales en cada país, y se daría por seis meses, beneficiando a 215 millones de personas, el 34,7 % de la población. La Cepal cree que entregar esa renta básica supondría un gasto adicional equivalente al 2,1% del PIB de la región. Brasil fue uno de los primeros países en establecer una ayuda parecida a un ingreso básico. El Gobierno del ultraderechista Jair Bolsonaro impulsó, a principios de abril, la aprobación de un pago de 600 reales (104 euros) durante tres meses a casi 60 millones de brasileños que desempeñan sus labores en la economía informal, con el objetivo de paliar los efectos económicos de la pandemia. El gigante sudamericano invertirá 17.000 millones de euros en esa medida.

«Aunque muchas iniciativas puestas ahora en marcha no son estrictamente una renta básica, sí son transferencias monetarias directas a los hogares, con distintos grados de temporalidad y focalización, en donde el elemento de condicionalidad, típico de los programas sociales en la región, se ha dejado de lado», explica Yanes. Perú, por su parte, ha establecido el denominado Bono Familiar Universal, un pago de 760 soles (200 euros) dirigido a los 6,8 millones de personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad en el país andino. Incluso Chile, un país poco amigo de los subsidios, ha aprobado la entrega de un Ingreso Familiar de Emergencia para 4,9 millones de personas afectadas por la crisis. Los pagos van desde los 65.000 pesos (75 euros) para hogares con una sola persona hasta los 494.000 pesos (568 euros) para los hogares con más de diez. «Somos un país en el que las familias llegan a fin de mes gracias al endeudamiento. Esto alimenta un círculo vicioso en el que todo el sueldo se va a pagar estas deudas, infladas con tasas de interés altísimas y con cargas de morosidad totalmente desorbitantes. La pobreza está a un solo paso en caso de una situación inesperada, como lo que estamos viviendo hoy», expone la socióloga chilena Gabriela Cabaña.

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