Esta vez es diferente». Esta es una de las frases, referidas a las bolsas y la economía, que durante estos días más me dicen mis clientes. Por eso es tan importante que los asesores aportemos, ahora más que nunca, aquello que mejor sabemos hacer y con lo que más podemos contribuir: acompañar a los ahorradores para que afronten de la mejor manera posible esta situación y sus efectos en los mercados.
Porque, aunque nosotros siempre explicamos desde el principio a todos nuestros clientes, utilizando innumerables ejemplos del pasado, que en los mercados siempre se suceden las subidas y las bajadas y que después de una subida siempre llegará una bajada. Ahora, con el desplome de las bolsas, el nerviosismo se ha apoderado de muchísimos clientes y de entrada nos dicen eso, que esta vez no es como las anteriores.
«Ivonne, esta vez es diferente». Hasta mi padre (¡mi padre!), con el que llevo años hablando de este tema y que ya ha vivido antes en primera persona episodios de bruscos desplomes, me repitió lo mismo al principio. «¿Recuerdas, papá, cuando los mercados se desplomaron en el 2009, que también decías lo mismo? ¿Recuerdas que repetías que esa vez era diferente, y que tampoco lo fue? ¿Recuerdas que después aprovechaste la fortísima subida y llegaste a doblar tu patrimonio?». Claro que se acuerda y por ello, porque recuerda lo que hizo y lo que logró, vuelve a afrontar con racionalidad, pese a la duda inicial, las fuertes oscilaciones que vivimos en las bolsas.
«No, esta vez tampoco es diferente». Es cierto que es una crisis cuyo origen es totalmente diferente. Por ejemplo, en los ochenta vivimos en España la reconversión industrial, en los noventa el precio del petróleo volvió a estar detrás de otra crisis al igual que en los setenta, en los 2000 fueron la burbuja de las puntocom y la quiebra de Lehman en el 2008… Ahora, la causa de la crisis es una pandemia como nunca habíamos visto en tiempos modernos y que ha obligado a paralizar países: China, Italia, España…
Efectivamente, la base de esta crisis es muy diferente a todo lo visto hasta el momento, pero el comportamiento de las bolsas y de los inversores, y la evolución de los mercados no es diferente. El ser humano continuará consumiendo, las empresas tendrán que seguir produciendo y el sistema se irá restableciendo en más o menos tiempo, en función de lo profundo que sea el impacto.
Invariablemente ha sido así a lo largo de la historia, en la que se han sucedido momentos de depresión con otros alcistas, aunque también siempre se observa una línea ascendente general en el largo plazo, porque el mundo nunca ha parado de crecer.
Sin embargo, en momentos de crisis las emociones quieren mandar, son las que nos empujan a tomar decisiones llevados por el miedo. De ahí que hoy, de nuevo, las primeras reacciones del ahorrador sean el miedo, la duda, la incertidumbre. Debido a ello, la razón, las decisiones tomadas en tiempos menos viscerales, debería imponerse a estas reacciones.
Por eso la labor del asesor financiero en estos días es más importante que nunca. Es más sencilla con quienes ya han vivido antes episodios similares con su inversión; entonces, solo hay que recordar juntos qué sucedió y cómo actuamos. Eso da certezas que ayudan a la serenidad.
Hay otros clientes, en cambio, que nunca han vivido algo similar con sus ahorros. A todos ellos les he explicado siempre desde el primer momento que antes o después viviríamos una bajada de los mercados: no sabíamos cuándo ni su intensidad, pero llegaría. Y por eso, con todos ellos teníamos preparada una estrategia y habíamos decidido qué hacer. Incluso habíamos ido reservando parte del ahorro para poder realizar aportaciones extraordinarias en momentos como estos, cuando los mercados caen.
Pero una cosa es saberlo y otra vivirlo. Aunque racionalmente ya habían tomado la decisión, ahora la primera reacción es emotiva. Y surgen las dudas, es natural.
Eso le pasó a María, con quien hace tres años construimos toda una estrategia para que pudiese cumplir con sus distintos objetivos: cambiar de casa en 5 años, que su hijo vaya a la universidad en 8 años y tener un complemento a la jubilación en 20 años. Todo estaba ya en marcha, pero me llamó porque tenía dudas. Sus objetivos y sus circunstancias económicas se mantenían, pero el miedo la llevaba a dudar de lo que había decidido de forma racional tres años antes.
Hablé y sigo hablando mucho con ella y con todos los clientes. La información, el recuerdo de cómo y por qué tomamos en su día cada decisión, la visión racional de un asesor, la certeza de que saldremos de esta y el mundo seguirá creciendo, todo ha contribuido a que María esté más tranquila y pueda analizar la situación con serenidad. Ha decidido seguir con su planificación financiera personal, su estrategia y sus aportaciones periódicas e incluso va a hacer las aportaciones extraordinarias.
Esa es mi misión: acompañar y ayudar a que las decisiones se tomen de la forma más racional y serena posible. No tenemos la bola de cristal, pero sí mucha experiencia, información y formación. La experiencia de cerca de 20 años como asesora financiera no hace más que reafirmarme en esta forma de entender la profesión y en mi papel.
Valga como ejemplo lo que viví junto a un cliente al que, hace 12 años, aconsejé seguir aportando a su plan de ahorro a pesar de encontrarnos en lo peor de la crisis de Lehman. Por supuesto, no resultó fácil aconsejarle, cuando sus inversiones se desplomaban más de un 40 %, que siguiese confiando en la planificación definida. Sin embargo, el mal dato de ese momento se convirtió años después en una rentabilidad de más del 150 %.
Eso es marcar la diferencia y ayudar a los ahorradores a lograr sus objetivos. Ese es el papel de un asesor. Acompañar al cliente, apoyarle para la toma de decisiones y planificar con él tanto las subidas como las bajadas, porque unas y otras, antes o después, siempre llegan. Está claro que esta crisis es muy diferente en su origen al resto, pero en lo que se refiere a los mercados, seguirá unos parámetros similares a todas las que en el mundo han sido y llegará un momento en que las cosas se recuperarán. Por eso, si sus objetivos no han cambiado y sus circunstancias económicas se mantienen, recuerde que cuando hablamos de ahorro: «No, esta vez tampoco es diferente».