Ana Oróns Mata: «Nuestro gran reto es la segunda transformación»

Esta ingeniera está al frente de la federación de aserraderos y rematantes, que aglutina a 350 empresas. La guerra arancelaria de Estados Unidos y China genera incertidumbre en un sector con buenas perspectivas de futuro, como «uno de los principales actores de la economía circular»


Redacción / La Voz

Ana Oróns Mata (Zas, 1972) es ingeniera agrónoma, especializada en mecanización y construcción rural. Estudió en la USC, en el campus de Lugo, y su trayectoria profesional ha discurrido en empresas públicas (Tragsa) y privadas, todas vinculadas «a sectores muy apegados al territorio» y siempre en el ámbito de la gestión y las relaciones institucionales. Ahora compagina la secretaría general de la Federación Empresarial de Aserraderos y Rematantes de Madera de Galicia (Fearmaga) y la dirección del Grupo Galego de Certificación Forestal e Cadea de Custodia. «Tengo una mente ingenieril -confiesa- que me ha ayudado en situaciones excepcionales que viví, como la crisis de las vacas locas o el Prestige».

-¿Qué es Fearmaga?

-Somos una organización sin ánimo de lucro, con 350 empresas de toda Galicia y alguna de Portugal vinculadas. Nuestro objetivo es representar y defender los intereses de rematantes y aserraderos, socios y no socios, porque somos patronal, y las negociaciones y logros que conseguimos repercuten en todo el sector [...]. Aparte de las relaciones institucionales y las negociaciones políticas que afectan al sector, otro de los roles que jugamos es el de informar a los socios de las tendencias de mercado y consumo, para que puedan tomar decisiones de futuro y orientar su negocio. Y también la formación, mostrarles los nuevos sistemas de trabajo y producción.

-Todo esto en Galicia, una potencia forestal.

-En cuanto a producción forestal, somos la potencia. Galicia aporta el 50 % de la madera que se produce en España. También somos líderes en la primera transformación, los aserraderos que comercializan esa madera a empresas de segunda transformación, aportando el 43 % de todo el producto elaborado.

-Pero fallamos en la segunda transformación.

-Es nuestro gran reto, hacia donde tenemos que avanzar. Si bien tenemos empresas muy bien posicionadas a nivel nacional e internacional en el sector del contract, mobiliario y equipamiento de espacios públicos y privados, centros de convenciones, aeropuertos y hoteles. Cojeamos en la fabricación de muebles de cocina, por ejemplo.

 -¿A qué se debe?

-Históricamente, los sectores primarios están más apegados al medio rural y los secundarios, más cercanos a los mercados de consumo. Por eso somos líderes en primera transformación en la cornisa cantábrica, principalmente Galicia, el pulmón de España, y los mercados de consumo, hacia el Mediterráneo, a través de los puertos. Por eso la segunda transformación está en las comunidades de Valencia y Cataluña. Tenemos que ser capaces de ponerlos en los mercados internacionales en unas condiciones competitivas. Los portes juegan en nuestra contra.

-¿Y la situación del sector?

-A corto plazo, las empresas viven con mucha incertidumbre ya desde el segundo semestre del 2019, ralentizando la actividad y con temor a una recesión, por la guerra de aranceles entre Estados Unidos y China, el brexit y las condiciones climáticas, que afectaron a nuestros aserraderos. Muchos fabrican palés o componentes para cajas. Las riadas de agosto en Levante redujeron drásticamente la demanda de envases, igual que ocurrió en el mercado internacional del vino, en Francia, con menos demanda de componentes para las cajas de botellas. Sin embargo, estamos en el siglo de la madera, la sociedad está concienciándose de que tenemos que cambiar hábitos e ir hacia consumos más responsables y sostenibles, y el sector forestal es uno de los principales actores de la economía circular. A largo plazo, las perspectivas globales, el futuro tiene que estar a nuestro favor [...]. Si como sociedad queremos frenar el cambio climático tenemos que utilizar madera. 

«A las mujeres nos dijeron que la libertad era trabajar fuera de casa y nos lo creímos»

A Ana Oróns, su vocación siempre la ha llevado a sectores profesionales muy masculinizados. Ya desde la carrera, en la especialidad con menor número de alumnas, únicamente dos en algún curso. «Va inherente a mi carácter», dice. «No me ha supuesto un hándicap superior al de otras mujeres en otro ámbito laboral», sostiene. Y desgrana su teoría: «A las mujeres nos han engañado, o nos hemos dejado engañar. Nos dijeron que la libertad era trabajar fuera de casa, nos lo creímos, y ahora tenemos doble carga, dentro y fuera. Todas las mujeres que hemos asumido las facetas de pareja, madre y profesional tenemos muchas dificultades porque los órganos de decisión, los puestos de responsabilidad los ocupan hombres, y para hacernos oír hemos tenido que posicionarnos».

-¿Ha notado un trato diferente?

-En algún caso, sí, pero no he dejado que me afectase. Si he notado una actitud diferente no ha sido de compañeros ni de las personas a mi cargo, casi siempre hombres, sino de los cargos de dirección. No siempre había que entenderlo como algo peyorativo, pero sí una actitud paternalista, de protección. Y en otros casos, de rechazo manifiesto.

-Dirige el grupo gallego de certificación forestal y cadena de custodia.

-El grupo gallego fue pionero a nivel nacional. Cuando se constituyó, hace 15 años, nadie sabía de certificaciones forestales o de cadena de custodia (que es garantía de trazabilidad), ni en la sociedad en general ni dentro del sector. O éramos capaces de ayudar a nuestros socios, pymes y micro pymes, dotándolos de herramientas para poder competir o estaban abocados a desaparecer.

Esta hija de la emigración se crio en zas, su «paraíso»

Esta «hija de la emigración», como se define, nació en Zas. «Mis padres emigraron cuando tenía nueves meses y me quedé con mis abuelos, como muchos niños de mi época. Hasta los seis, cuando regresaron y nos fuimos a A Coruña», relata. Sus abuelos eran agricultores y se crio «llevando a pastar las vacas a fincas rodeadas de monte». «Mi abuelo era carpintero y siempre me inculcó la importancia de cuidar el monte», subraya. Vive en Santiago y en Zas conserva su «lugar de retiro espiritual», al que acudir «en situaciones de tensión personal, familiar o laboral, para abrir la mente y encontrar soluciones». Es un proceso «automático de desconexión» el que se produce cuando regresa a su «paraíso». Lleva décadas colaborando con el festival de música folk de la Carballeira de Vilar, que se celebra desde que era una preadolescente.

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