Nueva Comisión, mismos problemas

El nuevo equipo al frente del Ejecutivo comunitario, capitaneado por la alemana Úrsula von der Leyen, tiene ante sí los mismos retos que sus antecesores, solo que agudizados por la incertidumbre geopolítica y económica que acecha al escenario global. La falta de competencias en política exterior, las estrategias migratorias, el desafío tecnológico, el cambio climático o el «brexit» precisan de una gobernanza valiente y con las ideas firmes. El futuro de Europa, y por tanto de todos nosotros, está en sus manos


Miembro de la Real Academia Galega de Ciencias. Grupo Colmeiro

Ya tenemos nueva Comisión Europea, que llega cuando el mundo se encuentra en plena mutación en todos sus componentes tanto políticos como económicos, sociales y tecnológicos. Y Europa debería tener una cierta idea de cómo le gustaría que fuese ese mundo y en esa línea se ha manifestado su presidenta, al tomar posesión, citando a Simone Veil, que en su día defendió una Europa más unida y más justa, para contribuir así a un mundo también mejor.

Las nuevas generaciones deberían hacer un sencillo ejercicio, buscando el contrafactual de muchas cosas de las que disfrutan, sin ser conscientes de cómo llegaron a sus vidas, empezando por lo más evidente: ¿Hubiera habido un período tan prolongado de paz en Europa si la Unión no existiese? Y tantas otras cosas que se dan por sobreentendidas como si el hecho de la existencia de la UE no tuviese nada que ver.

Una alemana, Úrsula von der Leyen, que conoce Bruselas como su propia casa, comienza su mandato al frente de la Comisión en un entorno más que complicado ya que el mundo -y Europa también- está repleto de incertidumbre. Quizá por ello Leyen usa con frecuencia la expresión «comisión geopolítica», si bien no puede olvidarse de que la UE tiene una piedra en el zapato de su política exterior, como bien recordaba el alto representante Josep Borrell. Y no es otra que el hecho de que las competencias en este ámbito residen -al igual que las de Defensa- en los Estados miembros. He ahí un desafío de primer nivel: reforzar las capacidades de acción exterior comunitarias.

En unos momentos en los que Estados Unidos, China y Rusia pisan el acelerador de su influencia, Europa no juega con instrumentos similares. Otro asunto polémico es el de las políticas migratorias: trabajar en pos de un régimen de asilo común, restablecer el adecuado funcionamiento del espacio Shengen, revisar los acuerdos de Dublín, controlar de modo eficiente las fronteras... Todo un programa que cuenta con firmes detractores, como son los llamados países del Este.

Progresar en las nuevas tecnologías parece siempre una carrera agotadora frente a un mundo en cambio casi instantáneo. Y, sin embargo, para Europa es un objetivo estratégico conseguir un buen nivel de soberanía tecnológica. En el mismo terreno está en la agenda europea el desarrollo coordinado de la inteligencia artificial.

Herencia de la crisis

No es cuestión de detallar aquí el conjunto de políticas que la nueva Comisión ha de impulsar, algunas de largo aliento y muchos intereses, como la Política Agrícola Común. Por ello preferimos centrarnos en el papel de la Unión Europea en el universo de problemas que la última crisis dejó en herencia, uno de los cuales (transversal como casi todo ya) es el de la deslegitimación de sus instituciones, incluso me atrevería a decir que de sus principios fundacionales, por los movimientos populistas, a veces enmascarados de nueva izquierda.

Así pues, la UE se enfrenta a una presión de adaptación que proviene tanto de los desafíos globales como de una cierta confusión ideológica y de su evolución interna. Algo que la nueva Comisión no podrá olvidar es que asistimos a una forma de multilateralismo que refleja muy bien las nuevas relaciones de fuerza internacionales. En este renglón va también la adecuada gestión del brexit.

El cambio climático y la evolución de la posible crisis nuclear iraní va a requerir igualmente una posición de la UE, sabiendo como se sabe que también progresa en el mundo un relativo rechazo a la propensión de la UE a exportar su propio modelo de gobernanza.

Probablemente, Bruselas empleará tiempo y energía para gestionar las presiones internas derivadas de una política presupuestaria que no pocos consideran excesivamente rigurosa y no muy útil para aplacar tensiones sociales, y una política migratoria con graves problemas de eficiencia, dándose la paradoja de que Europa necesita mano de obra y no solo cualificada.

De igual modo, la política energética traerá muchos dolores de cabeza a la Comisión, tanto por problemas de coordinación de las decisiones nacionales de inversión en tecnología e infraestructuras, como en un marco jurídico muy poco coherente.

La gran pregunta es cómo la Unión Europea, con su modo de funcionamiento actual, podrá responder en tiempo y forma a la aceleración de los desafíos que llegan. En definitiva, la nueva presidenta y su equipo deberán progresar significativamente en el refuerzo de la arquitectura institucional de la Unión, porque de lo contrario, el avance se producirá en el sentido de una mayor irrelevancia del espacio comunitario como entidad realmente supranacional.

En cualquier caso, la señora Leyen se ha alineado con las propuestas políticas que parecen recorrer el mundo con un alto consenso, pero nadie debería olvidar que se ha formado profesionalmente en el rigor y no en la demagogia.

Proteger una idea

Quizá sea este perfil el que ha preocupado tanto en algunas bancadas del Parlamento Europeo, que no se ha parado en barras al hablar de una mezcla de promesas decepcionantes. Sin embargo, la señora Leyen lo que ha dicho es que la Unión ha de «proteger el modo de vida europeo» y en eso sí ha sido original, sobre todo por explicitarlo y por la posible confusión -impensable, la verdad- con el discurso de Viktor Orban. Tiene razón la presidenta, pues habla de «nuestros valores»: solidaridad, seguridad, responsabilidad. ¿Es que quizá aplicar estos principios a los problemas migratorios es un síntoma de racismo? ¿Estamos en nuestros cabales? ¿No queremos una Unión Europea que persiga la igualdad, la tolerancia y la equidad social? Estado de Derecho, derechos del hombre, eso debe definir a Europa.

Nadie puede ignorar que los desafíos son inmensos. Y lo son tanto en los ámbitos tradicionales como en los de vanguardia, como puede ser el terreno de la diversidad o el de la justicia social, a la que ha de servir un sistema fiscal más integrado y equitativo.

Pero la Comisión Europea, como lo hacen otras instituciones, duda en si salir o no de su zona de confort. Sin embargo, los tiempos llaman a asumir riesgos, quizá bebiendo en la fuerza del espíritu pionero de los padres fundadores. Una mujer al frente supondrá, con toda seguridad, un modo diferente de encarar una nueva frontera.

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