David Wild: La renuncia a la pizza de Los Simpson


Ha vuelto a tirar la toalla. Lo hace por segunda vez en su dilatada trayectoria profesional, pues buena parte de su carrera transcurrió tomando decisiones en gigantes como Tesco y Walmart. Primero fueron los recambios para bicicletas y automóviles de la enseña británica Halfords, donde la caída de ventas puso a David Wild de patitas en la calle hace siete años. Ahora son las pizzas de Domino’s las que se le han atragantado y obligado a rendirse ante la difícil situación económica que atraviesa el segundo grupo de su segmento en Europa. Renuncia a sus responsabilidades como director general de la compañía en el Reino Unido acosado por la preocupante reducción de ganancias de la cadena de comida rápida, más de un 25 %, y el desplome de las acciones en bolsa, donde la rentabilidad de la firma ha caído más de un 9 % desde que este apasionado del márketing y la publicidad tomó las riendas del grupo inglés hace cinco años.

Más que la caída en desgracia de las míticas pizzas pasión de pepperoni,-esas que llevaron a la compañía fundada en EE. UU. al podio en ventas, con la indiscutible aceptación de los consumidores, aupada por el patrocinio de la popular serie Los Simpsons- han sido los franquiciados los que se han llevado por delante al que era considerado uno de los hombres duros del grupo. Estos propietarios demandan una mayor participación en las ganancias de la compañía, pero les ha resultado difícil entenderse con Wild, quizás por esa manera irregular de gestionar los equipos, tal y como aseguran quienes han trabajado cerca de él. El poder de la marca ya no es suficiente para exigirles vender más y más pizzas o para azuzarles con inversiones en nuevas aperturas y así hacer frente a una competencia cada vez más canibalizada del mercado.

Pero lo que más ha deteriorado la posición de este canoso ejecutivo de 62 años -lleva 40 codeándose con lo más granado de la empresa y no ha sido capaz de suavizar ese duro acento macuniano propio de los nacidos en Manchester que cortan las palabras al hablar- es la de compartir la tarta de reparto de los consumidores. La entrada de nuevos operadores, como Just Eat o Delivero, obliga a la firma británica a reorganizar sus estrategias dentro y fuera del país, porque también su presencia internacional se ha deteriorado: en Irlanda, Suiza, Luxemburgo y Alemania, donde el descenso de ingresos ha dejado temblando la cuenta de resultados.

Pero para David Wild esa ya no será su historia. Aguantará en el cargo hasta que se designe a su sucesor, pero su renuncia a buen seguro le reportará los dividendos necesarios como para seguir pagando la cuota por su asiento en el mítico estadio de Old Trafford, como buen aficionado que es del Manchester United. También le permitirá seguir manteniendo su estatus, pues pese a su origen en una de las ciudades de mayor tradición industrial del país ha preferido codearse con la élite al fijar residencia familiar -está casado y es padre de cuatro hijos- en Oxford, ciudad que alberga la universidad más antigua del mundo anglosajón, y comparte barrio en Chipping Norton con ilustres vecinos como el ex primer ministro británico David Cameron.

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