Microsoft recupera su trono

La compañía fundada por Bill Gates cerró el 2018 como la cotizada más valiosa del planeta, por delante de Apple. La batalla por el liderazgo mundial entre Estados Unidos y China aún no tiene reflejo en este selecto ránking


Redacción / La Voz

Fue una relación de amor-odio. Con muchas fases de desencuentro. Una batalla por liderar la génesis de una revolución, la tecnológica, que se iría apoderando de la economía del planeta con el paso de las siguientes décadas. Hay varios pasajes del libro Steve Jobs, la fantástica biografía autorizada del fundador de Apple escrita por Walter Isaacson, que detalla con descarnada crueldad la tormentosa amistad que este mantuvo con Bill Gates desde comienzos de los años setenta. Casi medio siglo después, y ya sin sus protagonistas de por medio, las espadas de ambas compañías siguen en todo lo alto. Ahora se disputan el cielo: el trono como empresa más valiosa del mundo. Y Microsoft, después de varios años a la sombra de la firma de la manzana, le ha arrebatado el puesto como cotizada con mayor valor bursátil. Cerró el 2018 con una capitalización de 686.898 millones de euros, 32.000 millones más que su gran competidora. 

Liderada ahora por su CEO, Satya Nadella (Gates está volcado a tiempo completo en tareas filantrópicas), Microsoft se ha encaramado de nuevo a lo más alto de este ránking gracias a su apuesta por la computación en nube, básicamente dirigida a las empresas y, por tanto, uno de esos suculentos negocios que adoran fondos de inversión y analistas. La compañía es casi ajena a las cíclicas turbulencias que afectan a la informática de consumo, precisamente la causa que explica el retroceso bursátil que soporta Apple.

La firma de Cupertino ha perdido un trono que ocupaba desde hace ocho años porque los analistas dudan de su capacidad para seguir vendiendo iPhones a escala global, de forma muy especial en mercados como el chino, algo que ha acabado por reconocer en una carta el propio CEO, Tim Cook. El año bursátil de Apple ha sido una montaña rusa. En agosto se convirtió en la primera cotizada de Wall Street que lograba una valoración de un billón de dólares, un hito que hasta entonces solo había logrado PetroChina un decenio antes. Pero fue tocar el cielo y empezar a perder fuelle. Los analistas pusieron en cuarentena las previsiones de crecimiento de la compañía y las acciones entraron en caída libre en los meses sucesivos hasta acabar cediendo el bastón de mando a Microsoft.

Un liderazgo cada vez más apretado en el que, de continuar en esta senda, tendrán mucho que decir en los próximos dos años los otros dos nombre propios de este selecto listado: Amazon (tercera cotizada más valiosa del mundo al cierre del 2018) y Alphabet, la matriz de Google, cuarta. La multinacional fundada por Jeff Bezos, sin ir más lejos, sumaba esta semana la valoración bursátil más elevada de todas.

Las tecnológicas han consolidado un año más su hegemonía pues, de las diez empresas más valiosas en Bolsa, siete pertenecen a este sector. Además de las ya citadas, las chinas Tencent y Alibaba y la estadounidense Facebook.

La mayoría de estas firmas ni siquiera existían a comienzos de los noventa, pero es que hace solo diez años algunas como Facebook o Alibaba ni siquiera aparecían en este selecto listado dado que no habían dado aún el salto a las bolsas. En un decenio, los grandes iconos del universo empresarial han dejado de ser las petroleras y los representantes del sector financiero, para dar paso a las firmas de la nueva economía. De hecho, hay que remontarse al puesto diez para encontrar el primer banco (JPMorgan) y al doce para localizar una marca del ámbito energético (Exxon Mobil).

Si el sector de esta era es el tecnológico, la bandera estrella de este ránking sigue siendo la estadounidense. Más allá de las políticas proteccionistas impulsadas por la Administración Trump, relacionadas con la pérdida de peso específico de su economía a escala global, lo cierto es que un análisis somero de este ránking revela que, en esto del capitalismo pata negra, no hay quien le tosa a las firmas norteamericanas.

Entre las diez primeras por cotización bursátil, ocho son estadounidenses, por solo dos chinas (ver gráfico adjunto). Pero es que si se extiende la mirada a las treinta primeras, la proporción es igualmente acusada: 21 americanas, por cuatro chinas, cuatro europeas (tres suizas y una británico-holandesa) y una coreana.

Lo cierto es que no fue un buen año para las bolsas a nivel mundial. La volatilidad se apoderó de los parqués internacionales, en una suerte de ciclotimia bursátil que llevó por ejemplo a Wall Street a anotarse en agosto la mayor racha alcista de su historia, para cerrar el año con los analistas al borde del ataque de nervios por la sucesión de pérdidas. Al término del 2018, el Dow Jones y el S&P500 habían retrocedido casi un 6 % respecto a la conclusión del 2017.

Pero es que en Europa las cosas fueron aún peores. El Eurostoxx se dejó más de un 14 %, mientras las pérdidas de la Bolsa de Fráncfort se disparaban hasta el 18 % y las de París se elevaban al 12 %. España siguió la estela y el parqué madrileño finalizó el ejercicio con un balance negativo del 15 %, el peor desde el 2010, lo que se traducirá previsiblemente en una consecuencia simbólica: el valor del mercado español bajará de la cifra del billón de euros, algo que no se veía desde el 2015.

El panorama de cara al ejercicio que acaba de arrancar podría seguir una estela similar, a tenor de lo que dicen los analistas. El ciclo económico se encuentra a las puertas de un cambio de sentido cuya intensidad no está del todo clara: ¿Corrección o recesión? Las grandes incertidumbres que están sobre la mesa (guerra comercial, brexit, ola populista...) alimentan un escenario de incertidumbre agravado por cuestiones como la asimetría en la política monetaria a uno y otro lado del charco: la Fed ya ha subido los tipos -a corto plazo podría pausar esta tendencia precisamente por la evolución de los acontecimientos-, mientras el BCE se resiste a cambiar de marcha y endurecer su estrategia por el temor a la debilidad de las finanzas de algunos de los estados miembros.

 De cómo evolucionen estas variables dependerá el comportamiento de los inversores en un año que ha empezado con las mismas señales de volatilidad con las que concluyó el anterior. La Bolsa encara un 2019 que vaticina de nuevo emociones fuertes.

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