La crisis de las divisas se agudiza

Los problemas de monedas como el peso argentino o el real brasileño han generado un clima de incertidumbre sobre la evolución de la economía de los países emergentes


Bogotá / La Voz

Dinero que quema en las manos. Sueldos que se cambian por dólares nada más cobrados. Precios por las nubes... Crece la preocupación en los mercados por la crisis de las divisas emergentes. La fuerte devaluación sufrida en los últimos meses por el peso argentino y la lira turca con respecto al dólar han puesto en alerta a los inversores. Sufren también, aunque a distinta escala, otras denominaciones como el real brasileño o el rand sudafricano. Las razones de los desplomes son distintas en cada país pero están espoleadas por un denominador común: el alza de los tipos de interés aprobada por la Reserva Federal en Estados Unidos, que refuerza al dólar en detrimento de las divisas de los emergentes.

Es el ingrediente que, en conjunción con las debilidades estructurales de las economías de los países en vías de desarrollo, ha desatado la crisis cambiaria. En Argentina, por ejemplo, el peso se ha devaluado en más de un 50 % este año. «El país tiene dos desequilibrios fundamentales, el fiscal y el externo. Ambos están conectados. El desequilibrio fiscal genera un exceso de demanda de la economía que se traduce en desequilibrio externo. La devaluación frente al dólar tiende hacia la reversión de estos desequilibrios. Los excesos de consumo se contraen a raíz de que la moneda local vale menos», comenta Jorge Colina, presidente de la consultora Idesa.

Mientras el ajuste se produce, la inflación se desboca. Podría superar el 45 % al finalizar el 2018, según los analistas del país sudamericano. El cóctel ha explotado en la calle, con un gran descontento social por los precios disparados.

El Gobierno de Mauricio Macri, cada día que pasa más cuestionado, ha intentado parar la sangría con un aumento del tipo de interés de referencia al 60 %, desde el 45 % anterior, mientras recibe los 50.000 millones de dólares del rescate del FMI, un desembolso que intenta acelerar prometiendo déficit cero en el 2019, algo difícil de cumplir en un país con una pobreza del 30 % y un Ejecutivo en minoría.

El caso brasileño

En este escenario de incertidumbre, las miradas se centran también sobre Brasil. En el mundo financiero la palabra contagio es una de las más temidas, y un desplome del país sudamericano, la octava economía del mundo en términos de producto interior bruto (PIB), sería muy peligroso para las naciones europeas por la alta capacidad de importación del gigante carioca.

El real brasileño se ha depreciado más de un 20 % con respecto al dólar en lo que va de año, afectando a las empresas. La caída fue impulsada por el alza de tipos de interés en EE.UU., pero los economistas creen que, en parte, es también artificial e injustificada. «Lo que explica la aceleración del dólar en Brasil desde el segundo trimestre del año ha sido la incertidumbre del resultado de las elecciones presidenciales de octubre», comenta Eduardo Velho, analista de la consultora brasileña Go Associados. «No se sabe si el nuevo Gobierno va a mantener su compromiso con el programa de estabilización macroeconómica», añade el experto.

Los analistas son, sin embargo, más optimistas con Brasil que con Argentina o Turquía. Creen que la depreciación del real se frenará tras los comicios. Además, la inflación del gigante sudamericano no supera el 4,5 % anual, permitiendo que su Banco Central mantenga el tipo de interés de referencia en el 6,5 %. Eso aumenta la capacidad de maniobra del Estado carioca ante la posible aparición de mayores dificultades y aplaca el nerviosismo de unos mercados con el ojo puesto en la evolución de la crisis de las divisas argentina y turca.

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