Venezuela y algo más


Vicepresidente del Club Financiero Atlántico

Deseo hablarle de Venezuela, de Maduro, de Banesco, de Escotet, de los directivos presos, de tantas cosas, pero no puedo hacerlo si antes no le confieso algo que no tiene nada que ver con esta tragedia y que tengo que contarlo. Llevo años mirando las cifras de variación de los cotizantes a la Seguridad Social, tantos que ya me visualizaba como un náufrago apoyado en una roca de playa esperando el barco deseado. Hace unos meses ya lo advertí, y hoy lo confirmo, ya hay buque y se llama Pontevedra. Nuestra provincia atlántica del sur ha conseguido superar holgadamente a España en la tasa de crecimiento interanual del número de cotizantes al régimen general, un 4,61 % frente a un 3,53 % del conjunto del Estado. Incluso Galicia, 3,60 %, a pesar del mal comportamiento de A Coruña, 3 %, también supera a la media nacional. Créame, esto datos hablan de una provincia tractora, hablan de un cambio cualitativo en el mercado laboral y en el educativo y hablan de un cambio de fondo que nace en el Gran Vigo. Imagínese a dónde podríamos llegar si consiguiéramos levantar la actividad económica de A Coruña, hoy tocada por mil causas que no mencionaré. Y, para terminar, recordar que no crecemos como el Levante, con dependientes de comercio y camareros, estamos ante otro escenario. Galicia está cambiando. Positivamente cambiando.

Pero lo que no muta es el populismo de Nicolás Maduro. Fíjese, ni con Franco soy capaz de compararlo. Ahora me entenderá. ¿Recuerdan los miles de millones de pesetas que nos enviaban por transferencia nuestros emigrantes? Aún recuerdo verlo en la facultad, en mis tiempos de estudiante, como una de las variables de crecimiento de la economía española. Pero cuando los nuestros, desde Suiza, Alemania, Inglaterra, Francia, desde tantos sitios, nos enviaban sus divisas, aquí llegaban como moneda fuerte. Sus madres, con ellas pagaban los estudios de sus hijos, compraban sus pisos en los barrios del desarrollismo o construían una casa nueva en el campo. Hacían futuro.

Cierto es que la política económica del dictador los expulsó del país, pero nunca tuvo la desfachatez de intentar quedarse con su dinero. Maduro, sí. Si usted fuera venezolano y recibiera un dólar en Caracas, el banco le daría el tipo de cambio de referencia, es decir, sobre unos 70.000 bolívares. Si, por el contrario, se desplazase a la ciudad colombiana más cercana, entre las relevantes, por ejemplo, Cucutá, obtendría 225.000 bolívares. Es decir, tres veces más. Incluso podría decirle a su casa de cambio que transfiriese estos bolívares a Venezuela, ¿por qué no?

Bien, pues ese es el crimen de Banesco, recibir las transferencias de venezolanos que, desde Colombia, envían su dinero a sus propias cuentas. Este es el crimen, la lucha ciudadana de aquellos que no desean que su Gobierno se quede con los dólares que su familia, exiliada económicamente, está ganando con su sudor, cuando no dolor, en cualquier lugar ajeno a su hogar. Lo dicho, ni Franco se atrevió a tanto, permitió que las divisas fueran monedas fuertes, y no se le escapó ni un franco, ni un marco ni una libra.

Venezuela va camino del colapso económico, no tiene ni dólares para mantener en perfecto estado su industria del petróleo. Y en su lógica populista busca sus enemigos, y ahora le tocó a Juan Carlos Escotet, propietario de Banesco, entidad hermana de Abanca. Conocía su inteligencia, hoy aplaudo su valentía, y a los profesionales gallegos les digo, paciencia, y la cabeza bien alta. Las mentiras, el despotismo, la prisión, pueden doler, pero lo que nunca pueden hacer es doblegarnos. El mundo no se ha hecho para que los dictadores nos gobiernen, y nuestras miradas cotidianas han de mostrar, en todo momento, el orgullo de nuestra libertad. Buen domingo.

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