La nueva verdad

Venancio Salcines VICEPRESIDENTE DEL CLUB FINANCIERO ATLÁNTICO

MERCADOS

07 ene 2018 . Actualizado a las 04:55 h.

Si algo ha caracterizado al año pasado es que ya no han existido voces que cuestionasen que España, y con ello Galicia, hubiese entrado en fase de crecimiento. Por tanto, hay consenso para afirmar que este año, 2018, ya no pertenece al crudo invierno de la crisis. Todos, absolutamente todos, cuando miren al cielo, verán claros, eso sí, entremezclados con nubarrones propios de la primavera. Observaremos cómo el optimismo prende como una religión de nuevo cuño, irá ganando día a día miembros para sus filas.

En Vigo y en A Coruña, la buena marcha de Citroën e Inditex hace tiempo que ha inflado de aire las velas de una parte de su tejido empresarial. Y digo una parte porque, por ejemplo, el comercio minorista de estas ciudades aún sigue muy débil, extremadamente débil. En el resto de Galicia no va mejor.

Dado que el optimismo suele significar más consumo, habrá que dejar que arraigue. Pero, con todo, por mucho que lo mimemos, mientras no incorporemos población joven a Galicia, estoy pensando en la vuelta de nuestros exiliados económicos o en políticas de captación de talento extranjero, nunca alcanzaremos el ritmo de crecimiento de la España mediterránea. Es muy fácil que usted ignore que el 44 % de nuestros hogares tienen como fuente principal de ingresos una prestación, es decir, casi la mitad de nuestras familias viven de una pensión o de un subsidio de desempleo. Estos hogares, a su pesar y al nuestro, no tienen capacidad tractora. No los veremos adquiriendo inmuebles, ni automóviles ni otros bienes de consumo duradero. Su meta es sobrevivir y la nuestra ha de ser conseguir que cada día más personas coticen a la Seguridad Social.

Sale el sol, es cierto, pero con todo, la Galicia de hoy no deja de asemejarse a un vehículo medio que transita por una carretera secundaria a una velocidad aceptable. Llegará a destino, pero tardará más. ¿Cuánto? Si la meta es el nivel de ocupación laboral previo a la crisis, faltan entre cuatro y cinco años. Quizás no le parezcan muchos, pero esto nos sitúa en el 2023. Para muchos habrán supuesto dieciséis años de crisis. Tela. A ver qué cuerpos aguantan tanto dolor.

Este año también veremos algo anómalo, el mundo entero crecerá. Disfrute con el paisaje, y échese algo de protección, porque tanto sol puede producir daños. Lo primero, crecerán los precios de la energía. Los buenos de los sauditas no quieren producir más y dado que la demanda crece por todas las esquinas, el resultado solo lleva a un lugar, subidas de precios. Si recordamos que el precio de la energía determina el coste del transporte, no nos sorprenderá que pronto estas subidas se trasladen al conjunto de la cesta familiar.

¿Crecimientos importantes? Tanto como para indicar que optimismo más crecimiento de los precios del petróleo deberían llevarnos a un estado de inflación moderada. Y si esto ocurre, que ocurrirá, se producirán las ya anunciadas subidas de tipos del Banco Central Europeo. De hecho, es enormemente probable que cuando tome las uvas del 2019, ya sean una realidad. Si está en su mente invertir con financiación a largo plazo, hágalo en este primer semestre y negocie un tipo de interés fijo. Ah, y visite varias entidades financieras y como le diría su abuela, regatee. Ya, su inversión es vivienda, ¿verdad? También hablaremos mucho de ella de ahora en adelante.

¿Cómo será el 2018? Año de transición. Más verano, menos primavera. Crecimiento moderado, pero sostenible, del empleo. Subidas suaves, pero también continuadas, de los precios, esencialmente los vinculados a la energía. Tipos de interés ligeramente más elevados, fundamentalmente a finales de año. Y lo que es más importante, acabaremos el 2018 siendo más optimistas. Bienvenido a la nueva verdad.