Un país al borde del abismo

Puerto Rico, calificado como la Grecia del Caribe por sus maltrechas finanzas e intervenido por su propia troika, afronta otros 90.000 millones en pérdidas tras el paso del huracán «María»

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Bogotá / La Voz

Puerto Rico lucha por salir del abismo. El huracán María terminó de devastar la ya de por sí crítica economía de un país en bancarrota, cuyo PIB mengua desde hace una década y que está intervenido por su propia troika, una junta de supervisión fiscal impuesta desde Washington ante la imposibilidad de hacer frente a una deuda superior a los 70.000 millones de dólares.

La situación, un mes después del paso del ciclón, el más destructor de los últimos cien años, sigue siendo crítica. El 80 % de la isla está sin electricidad y el 40 % sin señal de telefonía móvil. Más del 30 % de la población sigue sin agua y también escasea la comida. El abastecimiento se complica por el mal estado de las carreteras. Alrededor de 250.000 viviendas fueron parcial o totalmente destruidas por una tormenta que dejó 50 muertos y unas pérdidas materiales que podrían alcanzar los 90.000 millones de dólares, según el gobernador de la isla, Ricardo Roselló.

El daño a las finanzas de la calificada como Grecia del Caribe no terminó con el paso de María. Los analistas apuntan a la posibilidad de que una parte de la industria manufacturera, que representa el 50 % del PIB del país, abandone la isla. «Muchas empresas foráneas están contemplando abandonar sus operaciones debido al coste de las reparaciones», comenta Ricardo Fuentes, experto boricua en economía.

Sería un golpe más a un mercado laboral muy castigado antes del huracán, y que ahora está prácticamente paralizado. Buena parte de las empresas siguen cerradas por la falta de electricidad, insumos, y hasta de seguridad. Un número sin especificar de puertorriqueños están estos días sin trabajar, interrumpiendo, de ese modo, la recaudación de impuestos. «El huracán además ha provocado una ola migratoria hacia los Estados Unidos, lo que reducirá la base contributiva y, como resultado, los ingresos del Gobierno», apunta Fuentes.

Puerto Rico está vinculado a EE. UU. en forma de estado libre asociado. Los boricuas tienen la ciudadanía estadounidense, y pueden marcharse a trabajar a cualquier ciudad continental sin realizar grandes trámites. La isla perdió 400.000 habitantes (un 10 % de su población) durante la última década. Esa tendencia se ha exacerbado tras el paso del huracán. Florida calcula haber recibido a 36.000 puertorriqueños en las últimas semanas. Los expertos estiman que otros 40.000 podrían marcharse en los próximos meses.

La población criticó la reacción inicial de Washington en días posteriores al paso del huracán, pero su percepción ha ido cambiando con el paso del tiempo. Estados Unidos ya ha desembolsado unos 626 millones de dólares para paliar la catástrofe en la isla caribeña. El gobernador Roselló está a la espera de que el Congreso dé luz verde al desembolso de 4.900 millones de dólares en préstamos por cuestión de desastres, una petición apoyada por un Donald Trump que fue muy criticado tras visitar la isla, por decir que Puerto Rico había descuadrado el presupuesto, y lanzar después ayuda humanitaria a las víctimas como si estuviese jugando al baloncesto.

El Congreso examinará también en los próximos días las directrices de la junta de supervisión fiscal, que había mandado reducir el gasto público en un 30 % antes de la catástrofe para pagar la deuda. Los responsables de la troika suavizaron hace unos días su postura, y pidieron a Washington más liquidez para reconstruir el país. «La deuda en sí era insostenible y para muchos ilegítima. Exigir que se pague en este contexto sería sencillamente un acto criminal», comenta el analista Fuentes.

Plan Marshall

La alcaldesa de la capital, San Juan, ya ha reclamado a EE. UU. que instaure un plan Marshall en Puerto Rico y condone la deuda. Un extremo al que no se ha cerrado ni siquiera el criticado Trump. Durante su visita a la isla sugirió que la deuda tendría que ser liquidada. Puerto Rico se enfrenta a un futuro incierto tras la devastadora catástrofe.

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