Lo que está por venir


Cuál es la noticia económica más importante del año? A finales de año me hicieron esa pregunta en una tertulia. Tuve clara la respuesta, el acuerdo entre Arabia Saudí e Irán para reducir la producción de petróleo. Sí, ya sé que Teherán la va a incrementar en 90.000 barriles diarios, pero a pesar de ello se quedará ligeramente por debajo de los cuatro millones que llegó a producir antes del bloqueo. Me imagino que se dirá ¿Y? La gran potencia persa tiene, por un lado, una economía profundamente estatalista, muy en la línea de la España falangista, bueno, quizás más de mercado. Esa aventura autárquica en la que nos metió Franco fue una estupidez poco imitada. Ni los ayatolás chiitas de Irán, también sujetos a la gracia de Dios, se han atrevido a tanto. La cuestión es que la teocracia persa es una nación profundamente joven que no recuerda los abusos del Sha. Existen fuertes presiones sociales por parte de su juventud, por imitar los modos occidentales, tensiones que se han acentuado con la crisis en la que están inmersos. Ellos, a diferencia de nosotros, no tienen una Alemania a donde emigrar. Por tanto, la oligarquía religiosa necesita una fuerte política de gasto público. Está en juego su sistema. Por ello, veo improbable que Irán se sienta satisfecho produciendo 3,9 millones de barriles a cincuenta dólares. Hay elementos para sostener que existe un acuerdo más amplio entre Rusia, las monarquías del Golfo e Irán. Por ello, no me sorprende que las tropas rusas estén en Siria dándole la vuelta a la contienda y no le dediquemos un segundo en las noticias ¿Que Alepo vuelve a manos de Al Assad? ¡Cosas de la guerra! Hay cambios en la geopolítica de Oriente Próximo. Es evidente, tanto como para afirmar que esos acuerdos afectarán de modo sustancial a nuestra economía.

Hace pocas semanas, el Banco de España afirmó que el año que viene llegará la inflación a niveles del 2,5 %, impulsada por el crecimiento de los precios de la energía. Será una inflación tipo accidente estadístico. Es decir, subirán mucho los precios de la energía en términos porcentuales, pero no tanto a nivel absoluto, por tanto, no deberían alterar sustancialmente nuestra coyuntura económica. Vamos, que nos viene un susto y punto, nada serio. Pero, cuando habla de precios energéticos, ¿a cuáles se refiere?, ¿a los que visualizo yo, basado en hipótesis y deducciones, o los que se predicen a través de técnicas econométricas que atiende a los datos que aporta el mercado? Está claro que el Banco de España puede equivocarse, pero nunca perder el rigor cuantitativo; por tanto, doy por hecho que no ha introducido variables políticas, difícilmente cuantificables. ¿Qué significa esto? A mi juicio, lo siguiente, a) Subida sistemática de los precios del barril de petróleo, hasta colocarse en un soporte de entre 70 y 80 dólares. b) La inflación ha llegado y no se irá y además lo hará en un entorno de calentamiento económico. c) La política monetaria perderá su fuerza expansiva y volveremos a ver subidas de los tipos de interés. d) El crédito se encarecerá mientras que el ahorro se seguirá remunerando a tipos extremadamente bajos. e) El tipo de interés real será negativo, el público que mantenga sus ahorros en depósitos verá cómo pierde poder adquisitivo. f) Salidas importantes de ahorro de los depósitos bancarios hacia activos inmobiliarios y bursátiles. g) El nuevo coste del dinero subirá el margen de intermediación de los bancos convirtiéndolos en una opción interesante para el inversor bursátil. ¿Qué le parece? Dentro de un año sabremos si me he equivocado o no, y lo comentaremos aquí, en las páginas de La Voz de Galicia ¡Feliz 2017!

Por venancio salcines Presidente de la Escuela de Finanzas

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