Y ahora, ¿qué?


Ya hay gobierno. Y ahora, ¿qué? Espero que esa pregunta no se la hagan ni Mariano Rajoy ni los líderes de Ciudadanos y PSOE, porque los tiempos en que el futuro se construía yendo a buscar tréboles de cuatro hojas al campo ya han pasado. Toca centrar las líneas de futuro y con ello darle la vuelta al enfriamiento económico que se espera para el 2017, ralentización que, de confirmarse, supondría dejar de generar 100.000 empleos. Por ello, la primera línea de diálogo tendría que haber sido definir la política fiscal de aquí a los próximos diez años y, una vez consensuada, trasladarla a los sucesivos presupuestos generales del Estado. Pero dados los tiempos y plazos en los que nos movemos, esto ya es imposible, así que sentémonos, cerremos unas cuentas del Estado que cubran el mínimo común denominador de las diferentes fuerzas políticas y pasemos a negociar lo que está por venir.

Empecemos hablando acerca de dónde sacamos los 5.500 millones que necesitamos para ajustar el déficit y, aunque considero admisibles diferentes soluciones, ninguna que pase por castigar la esencia de nuestro estado de bienestar. La tijera presupuestaria tiene mucho camino que recorrer antes de llegar a Sanidad y Educación. Podría empezar por reducir la burocracia de las administraciones públicas, burocracia que, por otra parte, solo sirve para que cuatro empresas espabiladas se queden con la mayoría del gasto público menudo. Las grandes obras son otra historia. Si siguen faltando ideas, que se continúe por las fusiones municipales. La mayoría de las naciones europeas ya van por la segunda ronda, mientras que nosotros aún no hemos empezado la primera. Y si se animan a ello, que le den dos vueltas a la financiación municipal y a las licencias urbanísticas. Vincular sus arcas a la construcción solo ha provocado que más alcaldes de los deseables se prostituyesen ante el dictado del ladrillo, cuando no directamente ante determinados promotores. Si abren la agenda a esos espacios de mejora, que no se olviden de que, una vez resuelto el enigma de cómo pagamos esos cinco mil millones, debemos encontrar otros 18.000 para cubrir el déficit que tendrá nuestro sistema de pensiones en el 2018. Y ya metidos en faena, habría que reunir al Pacto de Toledo para diseñar las bases de un sistema que sea autosostenible bajo nuestra actual y futura pirámide de población. Debate que no será fácil, pues llegarán los populistas y soltarán aquello de «se pagan con los presupuestos generales», como si estos estuviesen vacíos de contenido esperando que alguien tuviera una idea feliz. El tema es muy serio, esperemos que los asistentes al Pacto estén a la altura del problema.

Mientras resolvemos los grandes desajustes financieros del Estado, no debemos olvidar que la economía en manos del poder público ha de ser un medio para generar bienestar a la sociedad. Y este pasa porque todos los españoles no solo han de tener acceso a una educación y sanidad de calidad, sino que también han de percibir que esos dos grandes sistemas no los han abandonado. Esto nos lleva a abrir de nuevo el debate de la financiación autonómica y tener claro cuáles son las líneas rojas que no podemos cruzar. Una Cidade da Cultura, se construya donde se construya, no puede hacerse a base de generar listas de espera en la sanidad pública. La muerte no espera y nuestros enfermos tampoco. Dicho esto, es bueno recordar que ningún vehículo anda más rápido por tener su depósito lleno o que el dinero esconde las ineficiencias, pero no las subsana.

Tantas veces he escuchado aquello de «no es no», que llegué a pensar que era una canción de rap. Ahora que ya no hay voz que lo entone, toca recordar que millones de españoles llevamos esperando un año para ver cómo nuestra clase política dialoga y pacta soluciones para los grandes problemas del país. Por favor, no nos hagan esperar más.

Por venancio salcines Presidente de la Escuela de Finanzas

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